En este trabajo presentamos una breve descripción de las mayólicas y otras cerámicas de tradición europea recuperadas en los Poblados del Mineral de Incahuasi: Nuestra Señora de Loreto de Ingaguasi y Agua Salada (provincia de Catamarca, Argentina). Las mismas forman parte de un conjunto material mayor, adscribible a una comunidad minera puneña de mediados del siglo XVIII.
In this paper we present a brief description of the majolica and other earthenware recovered at Incahuasi Ore’s villages: Nuestra Señora de Loreto de Ingaguasi and Agua Salada (Catamarca Province, Argentina). They are part of a much bigger material culture assemblage that belonged to a mining community from mid-Eighteenth Century.
Neste trabalho apresentamos uma breve descrição da maiólica e outras cerâmicas europeias recuperadas nos povoados do Mineral de Incahuasi: Nuestra Señora de Loreto de Ingaguasi e Água Salada (província de Catamarca, Argentina). As mesmas formam parte de um conjunto material maior, imputáveis de uma comunidade mineira de meados do século XVIII.
La intención del presente trabajo es dar a conocer el conjunto de mayólicas y otras cerámicas de tradición europea recuperadas en los Poblados del Mineral de Incahuasi. La presencia de este tipo de materiales en sitios arqueológicos del Noroeste Argentino no es muy estudiada aún, en parte por la histórica preferencia disciplinar por las investigaciones de las ocupaciones prehispánicas, y en parte por la aparente ausencia de registro de este tipo de cerámicas en sitios donde otros materiales coloniales -como cuentas de vidrio o restos de instrumentos metálicos- sí fueron registrados1.
El material que aquí presentamos no se caracteriza por ser el más abundante dentro del total de la muestra, pero es un aporte que nos permite formarnos una idea de las manufacturas cerámicas circulantes en un nivel regional más amplio y vinculable a un período temporal relativamente acotado, pues los poblados del Mineral de Incahuasi tuvieron una existencia circunscrita aproximadamente al período 17601810 (Lema 2012a).
El Mineral de Incahuasi es un yacimiento aurífero que se ubica en el extremo norte de la península homónima, en el borde SE del Salar del Hombre Muerto, provincia de Catamarca (Figura 1). Allí, a mediados de siglo XVIII, fueron construidos y habitados dos poblados: Nuestra Señora de Loreto de Ingaguasi y Agua Salada. Aunque se encontraban separados unos 4 km uno del otro, ambos eran indispensables para la formación de la comunidad minera, el primero porque se asentaba directamente sobre el yacimiento aurífero y estaba completamente orientado a su explotación, mientras que el segundo se ubicaba en el borde de vega de la vertiente de agua bebible más cercana (Figura 2).


De ellos, Nuestra Señora de Loreto de Ingaguasi era el poblado principal, no sólo porque estaba construido directamente sobre el yacimiento aurífero, razón misma de la creación de los poblados, sino también, por sus mayores dimensiones y complejidad, pues llegó a conformar con el tiempo un poblado con un total de 31 conjuntos arquitectónicos (Lema 2012a, 2013), correspondiéndose uno de ellos a la Iglesia y otro, posiblemente, a la residencia de la autoridad colonial (Kriskautzky y Solá 1999; Lema op.cit.).
El segundo de los poblados, fuera ya del área extractiva, es Agua Salada. Este se compuso de 12 conjuntos arquitectónicos ubicados a lo largo de una pequeña quebrada de orientación E-O, en la que crece una vega que es alimentada por una vertiente. El agua, aunque un tanto salada –y de allí su nombre-, es la única cercana al Mineral de Incahuasi relativamente apta para el consumo, por lo que probablemente debió ser la que permitió la instalación de ambos poblados, la supervivencia de personas y animales, aportando también parte del agua necesaria para la explotación del metal (Lema 2012a, 2013).
Si bien en Agua Salada, por la presencia de un recurso crítico como el agua, se han recuperado evidencias de uso del espacio en distintos momentos históricos, el análisis arquitectónico y los materiales culturales recuperados, nos permitió establecer que la construcción y ocupación de ambos poblados fue simultánea y estuvo directamente vinculada a la explotación minera colonial. Esta, de carácter probablemente estacional por su dependencia de las lluvias, registró su período más intenso en las primeras décadas de existencia (Lema 2012a y 2013). Durante el siglo XIX los poblados son abandonados y permanecen deshabitados hasta comienzos de 1930, cuando se instala sobre el sector norte de Nuestra Señora de Loreto de Ingaguasi la Compañía Minera Incahuasi (González 1999; Lema 2012a).
Los materiales analizados son el resultado del trabajo de campo en el Mineral de Incahuasi realizado durante los años 2003-2004, que incluyó la recolección total del material superficial. Las áreas de recolección se definieron en principio en relación a cada uno de los recintos identificados, otorgándosele a cada uno de ellos una sigla de reconocimiento. Lo mismo se realizó en sus perímetros externos hasta un límite máximo de 4m. En el caso de que un espacio perimetral externo se presentara asociado a más de un recinto, se tuvieron en cuenta los siguientes criterios para realizar la asociación ente materiales y recintos; la orientación de la pendiente sobre la que se emplaza la estructura, el espacio de circulación interno y externo del recinto y áreas de trabajo inmediatas. Siguiendo esta metodología de recolección se recuperaron un total de 2140 fragmentos cerámicos: 1336 en Nuestra Señora de Loreto de Ingaguasi (NSLI) y 804 en Agua Salada (AS).
El conjunto fue sometido a un análisis macroscópico preliminar, siguiendo la metodología previamente utilizada para otros conjuntos recuperados en localidades cercanas2 (ver Haber 2006; Lema 2004 y 2012b), mediante el cual pudo ordenarse el 73% de la muestra (n=1630) en 53 grupos cerámicos. De estos, 11 se distinguían de las tradiciones técnicas locales -109 a 119-3.
Los conjuntos 118 y 119 se identificaron como cerámicas utilitarias sub-actuales, correspondientes a la explotación industrial del Mineral de Incahuasi (Lema 2012a) y los grupos 112 y 116 corresponden a fragmentos de loza blanca (1 fragmento por grupo) no identificadas, probablemente también vinculadas a la ocupación de la Compañía Minera Incahuasi. Quedando por identificar un total de 81 fragmentos cerámicos, 24 en AS y 57 en NSLI, distribuidos en 6 grupos cerámicos -109, 110, 111, 113, 114 y 115. Esto es el 4,5 % del total de la muestra de materiales. A su vez, al interior de cada grupo, se calculó el ‘Equivalente de Vasijas Estimada’ (de aquí en más EVE), de acuerdo con la propuesta de Orton, Tyers y Vince (1997). Este cálculo se fundamenta en la idea de que todo fragmento de un mismo grupo y que presenta una misma amplitud de radio, representa una determinada proporción de la vasija ideal. Por lo cual, considerando que un resultado de hasta 100 % corresponde a un mínimo de una vasija, la sumatoria de todos los porcentajes de fragmentos de borde o base (en los casos que la medición es posible), permite obtener un estimado de la cantidad de vasijas representadas.
Establecidos los grupos cerámicos, se procedió a intentar vincularlos con conjuntos cerámicos de tradición no-indígena previamente reconocidos a nivel macro-regional. Para ello se usó como referencia principal a Schávelzon (2001), por ser la catalogación de valor macroregional más completa4.
En primera instancia los conjuntos cerámicos se agruparon en dos categorías principales; por un lado, en las ‘cerámicas rojas de tradición europea’ quedaron los grupos cerámicos 109, 110 y 111. Mientras que los grupos cerámicos 113, 114 y 115 pertenecen a la categoría ‘mayólicas’.
Se las identificó como grupo cerámico 109 (Tabla 1). Todos los fragmentos recuperados se corresponden con partes del cuerpo y se las distingue como probables fragmentos de ‘botijas de aceite’ (Figura 3). El nombre proviene de la castellanización de la clasificación académica norteamericana de ‘Spanish Olive Jars’ propuesta por Goggin (1960), quien las vinculó principalmente a la comercialización de aceite de oliva entre la metrópoli y las colonias. En la documentación colonial sin embargo eran conocidas como botijas, botijas peruleras o botijuelas (Jamieson 2003) y, en la práctica, podían utilizarse para almacenar y trasportar una amplia variedad de materiales líquidos y sólidos. Ejemplo de ello son las “9 botijas de conservas de zanahoria” mencionadas en un cargamento de mercancías español de 1524 (Sánchez 1996:127).


Los fragmentos recuperados suelen presentar un vidriado interior en variedad de tonos verdes, algunos de los cuales pueden aparecer como salpicaduras externas. También en el exterior pueden presentar una coloración blanquecina de tono mate5.
La cronología propuesta en la bibliografía para este conjunto utilitario es extensa y basa sus ordenamientos en la posibilidad de reconstruir formas (Goggin 1960; Lister y Lister 1987; Marken 1994), dado que el número de fragmentos recuperados en estos poblados está lejos de permitirlo, no podemos realizar estimaciones cronológicas siguiendo dichos parámetros.
Conjuntos de cerámicas vidriadas con plomo de matiz marrón. Se los identificó como grupo cerámico 110. Los fragmentos recuperados corresponden a 4 fragmentos de cuerpo, 1 de cuello y 2 de base. Ambas bases presentan un marcado aro de apoyo de diámetros diferentes, a partir de los cuales pudo establecerse un eve=2 (Figura 4).


Estas cerámicas de pasta roja no pudieron ser asociadas a grupos reconocidos, sino que serían parte del gran grupo de ‘Vidriados Utilitarios’, correspondientes a la ‘forma II’ o similares mencionados por Schávelzon (2001). La cronología propuesta por él para todo el grupo es 1780-1900 y para las ‘formas II’ estima un rango temporal de 1800-1880. Sugiere además un posible origen americano, incluso adelanta la hipótesis de que pudieran ser rioplatenses.
En Nuestra Señora de Loreto de Ingaguasi se recuperó además otro fragmento de cerámica vidriada marrón que se distingue de los anteriores por una variación en las inclusiones de la pasta –Grupo 111-. En este caso se presentan inclusiones de color marrón claro de tamaño mediano a grande y el esmaltado parece ser de mejor calidad. La muestra recuperada corresponde a un fragmento pequeño de cuerpo, por lo cual no se pudo vincular a formas específicas. A pesar de lo escasa de la muestra, se lo separó del conjunto. Schávelzon (Com. per.) sugirió que puede ser un fragmento pequeño de los vidriados denominados ‘Rey’. Este es un tipo reconocido que ‘cubre el continente’ (Schávelzon 2001:106) y cuya cronología, de acuerdo con Deagan (1987), se extiende de 1725 a 1825. Esta misma autora las asocia, por similitud y contemporaneidad, a piezas cerámicas recuperadas en Francia e Inglaterra, por lo que sugiere un origen no-hispano al conjunto.
A partir de la decoración, el grupo cerámico 113 pudo ser claramente identificado con la cerámica ‘Alcora’, que proviene de la ‘Real Fábrica de Loza de Alcora’ en Valencia, España.
La muestra se compone de 3 fragmentos de borde y 4 fragmentos de cuerpo. A partir de los fragmentos de borde, de distinto diámetro, se pudo estimar un eve=2. La decoración, descrita en dos fragmentos que parecen provenir de una misma pieza, se localiza en la cara interna del borde de una forma que se corresponde a un plato (Figura 5 izquierda).
Si bien la fábrica de loza inicia su producción en 1727 y se continúa hasta 1858 (Coll Conesa 2009), se ha propuesto para el Río de la Plata una cronología estimada que se extiende desde 1750 a 1830 (Schávelzon 2001). La decoración presente en el conjunto recuperado en el Mineral de Incahuasi se corresponde con las series denominadas ‘del ramito’, que se vinculan a formas populares de la segunda etapa de producción de Alcora, esto es de 1742-1798 (Coll Conesa op.cit.).

Clasificada como grupo cerámico 114, se la identifica como ‘Sevilla azul sobre azul’, cuya cronología se enmarca en 1560-1630 (Schávelzon 2001). La muestra consiste de 2 fragmentos de cuerpo, probablemente pertenecientes a una misma pieza, de la cual no se puede dar cuenta segura de la forma, aunque podrían pertenecer a un plato. Ambas ostentan un diseño decorativo en la cara interna, pero sólo puede apreciárselo con cierta claridad en uno de los fragmentos, presentando un diseño floral (Figura 5 derecha).


Clasificada como grupo cerámico 115, es el conjunto más abundante con un total de 56 fragmentos, alcanzando el 3,4 % de cerámicas identificadas (el resto de las cerámicas de tradición europea identificadas no alcanza al 1%).

Dentro de este grupo, se contabilizan 46 fragmentos de cuerpo, 6 de borde y 4 de base, los cuales permitieron calcular un eve=5. Las formas se presentan variables, pudiendo reconocerse formas como platos con anillos basales y cuencos/bacines (Figura 6). De origen probable en centros productores del Alto Perú, aun no se han identificado claramente ni se ha establecido una cronología fiable. Posiblemente el grupo presente una variedad interna que deba ser revisada.

Algunas de las piezas pueden vincularse a la cerámica ‘Más Allá Polícromo’ (Smith 1991), de origen peruano y cuyo rango temporal se extiende de 1650 a 1850 (Schávelzon 2001). Esta fue identificada como parte del grupo Contisuyu de Cerámica del sur de Perú (Rice y Smith 1989). En Argentina se lo ha hallado en contextos de final del XVII en adelante (Schávelzon 2001).
En primera instancia puede observarse, de esta breve caracterización de las cerámicas y mayólicas recuperadas en Nuestra Señora de Loreto de Ingaguasi, la clara predominancia de las cerámicas de tradición indígena sobre las europeas en el conjunto de la muestra. Este tal vez sea el panorama esperable para una comunidad como la del Mineral de Incauhasi, constituida de forma mayoritaria por trabajadores indígenas y mestizos, coordinados por comerciantes, emprendedores mineros y algunas autoridades indígenas, todos ellos ‘controlados’ por las autoridades coloniales locales.
Asimismo, al interior de la muestra notamos la clara primacía del grupo de ‘Mayólicas Andinas’. Siendo probablemente que algunos de los otros grupos mencionados estén dando cuenta de piezas ‘únicas’ a nivel local. Sin embargo, como comentamos en su momento, el grupo de las Mayólicas Andinas muestra una variabilidad interna que podría requerir ser subdividida en nuevas categorías, a partir de estudios más exhaustivos. Actualmente, los primeros datos concretos acerca de la distinción de la variabilidad interna de las mayólicas americanas se están logrando a través de análisis más específicos (Termoluminiscencia, Activación de Neutrones, etc.). Los distintos centros de producción de mayólicas en el espacio sudamericano están siendo lentamente reconocidos (Popayán, Cuenca, Valle de Moquegua, etc…) y es más que probable que aún falten algunos importantes centros productores por identificar.
De todas formas, podríamos pensar que las ‘Mayólicas Andinas’ representan parte de las posibilidades de acceso a bienes suntuarios de las ‘principales personas’ presentes en el Mineral de Incahuasi; corregidores, caciques, curas, alcaldes, comerciantes, entre otros. Y dentro de sus posibilidades de acceso a bienes suntuarios (conjuntos que asumimos mayores), cuáles eran factibles de ser ‘arriesgados’ en el traslado al poblado minero para completar un servicio personal mínimo aceptable. Fuera de los puertos, fuera de las elites, fuera de las casas principales, fuera de las grandes fortunas comerciales, esta es la cultura material que nos encontramos.
Estas breves disquisiciones son las que, por el momento, podemos comenzar a pensar a partir del material recuperado en los poblados del Mineral de Incahuasi. Más allá de ellas, hemos considerado importante dar a conocer el material recuperado, para dar cuenta de los mismos y aportar información concreta de los materiales presentes en un área de investigación escasa, como son los espacios coloniales no urbanos, y en un período cronológicamente definido del que aún la arqueología nacional poco conoce.
1. En el Noroeste Argentino son abundantes los sitios donde se han recuperado objetos de origen europeo sin que se incluya en los conjuntos cerámicas de tradición técnica foránea. Por ejemplo, en Tebenquiche Chico (Haber y Lema 2006; Lema 2004), en Caspinchango (Debenedetti 1921), Cachi Adentro (Núñez Regueiro y Tarragó 1972), en El Pichao (Johansson 1996), entre muchos otros. En cierta forma puede verse, en esta inclusión inicial selectiva de ciertos elementos europeos en los conjuntos materiales de las poblaciones indígenas, una correspondencia con lo que algunos autores identifican como período Hispano-Indígena en el Noroeste Argentino.
2. En un intento de contrarrestar los efectos negativos de los ordenamientos tipológicos o morfofuncionales, Haber (2006) y, sobre todo, Granizo (2001), generaron un ordenamiento ‘categorial’ del material cerámico de Tebenquiche Chico, a partir de la detallada excavación del Conjunto Doméstico TC1. Este ordenamiento incluye una primera instancia de catalogación de los fragmentos de acuerdo con las características macroscópicas de las pastas según los parámetros propuestos por Orton, Tyers y Vince (1997). Así se creó un ordenamiento base de un total de 51 grupos cerámicos, que vinculados a la estratigrafía del sitio que incluyó una serie de fechados, aportó información cronológica generando una secuencia que abarcó desde el siglo II d.C. hasta el siglo XVII d.C. Este conjunto se amplió a 54 grupos cerámicos al incluirse luego los fragmentos resultantes de las recolecciones superficiales del resto del poblado (Haber 2006). Posteriormente, a partir de las excavaciones de los recintos TC2 y TC27, se corroboró la cronología sugerida (Haber y Lema 2006; Lema 2012). Por supuesto, algunos de los grupos cerámicos se corresponden con conjuntos que ya habían sido definidos en sitios cercanos a nivel local o regional –especialmente los que presentan elementos estéticos diacríticos claros expresados en su decoración- y a los cuales se les reconoce la existencia de un ‘nombre común’: por ejemplo, grupo 1 cuyo nombre común es Caspinchango Ordinario (Debenedetti 1921), y que permitió la puesta en relación de estos grupos cerámicos con los conjuntos identificados en otras investigaciones. Así, este ordenamiento basado en un análisis macroscópico de las pastas, se convirtió en el marco de referencia al momento de ordenar conjuntos provenientes de otros sitios cercanos; Archibarca, Antofalla, Antofallita, Agua Salada, Nuestra Señora de Loreto de Ingaguasi, al mismo tiempo que se fueron incorporando nuevos grupos en el caso de que fuera necesario, obteniendo hasta el momento un total de 119 grupos cerámicos identificados.
3. El grupo 117 fue eliminado pues se correspondía con un grupo cerámico previamente identificado.
4. Además pudimos consultarlo personalmente acerca de la muestra, la cual él pudo observar para ayudarnos a resolver algunas dudas.
5. Schávelzon (2001) lo menciona como un ‘baño de arcilla’, sin embargo Jamieson (2003) sugiere que puede responder a ‘un cambio químico producido durante el proceso de horneado de la pieza.
Los trabajos de campo fueron realizados en el marco de los Proyectos “Paisajes de Enclave en el Área de Antofalla, Puna de Atacama, Segunda Mitad del Segundo Milenio d.C.’, financiado por Fundación Antorchas 2003 y 2004. La investigación subsiguiente fue realizada con el apoyo de ANPCyT (2004-2006), CONICET (20072008) y la Universidad Nacional de Catamarca (2008-2010). Debo agradecer también especialmente al Dr. Daniel Schávelzon por colaborar en la identificación de los materiales aquí expuestos. Por último, pero no menos importante, A Benita Tolaba, Armando Farfán, Daniela Guitián, Adrián Guitián, Mario Guitián y Antonia Calpanchay con su hermosa familia, por recibirnos, enseñarnos y cuidarnos durante las estadías en el Mineral de Incahuasi y a la Comunidad Indígena de Antofalla en su conjunto, siempre presente en los auxilios y en el corazón. A los evaluadores anónimos que enriquecieron este trabajo con sus comentarios.
Coll Conesa, J. 2009. La cerámica valenciana (apuntes para una síntesis). Asociación valenciana de cerámica. Valencia. España.
Deagan, K. 1987. Artifacts of the Spanish colonies of Florida and the Caribbean, 1500-1800. Smithsonian Institution Press. Washington y Londres. Estados Unidos y Reino Unido.
Debenedetti, S. 1921. La influencia hispánica en los yacimientos arqueológicos de Caspinchango. Publicaciones de la Sección Antropológica Nº 20. Facultad de Filosofía y Letras, Universidad de Buenos Aires. Buenos Aires. Argentina Goggin, J.
1960 The Spanish Olive Jar: An Introductory Study. Yale University Publications in Anthropology nro. 62. New Haven. Estados Unidos.
González, O. 1999. Mina Incahuasi, Catamarca. Anales del Instituto de Geología y Recursos Minerales 35: 515-520.
Granizo, Ma. G. 2001. La Cerámica en Tebenquiche Chico. Una propuesta de interpretación categorial. Tesis de Licenciatura no publicada, Escuela de Arqueología, Universidad Nacional de Catamarca.
Haber, A. F. 2006 . Una Arqueología de los oasis puneños. Domesticidad, interacción e identidad en Antofalla, primer y segundo milenios d. C. Jorge Sarmiento Editor. Córdoba. Argentina.
Haber, A. F. y C. Lema 2006. La pura opinión de Vladimiro Weisser y la población indígena de Antofalla en la colonia temprana. Intersecciones en Antropología 7:179-192.
Jamieson, R. 2003. De Tomebamba a Cuenca. Arquitectura y arqueología colonial. Abya-Yala. Quito. Ecuador
Johansson, N. 1996. Burials and society. A study of social differentiation at the site of El Pichao, Northwestern Argentina, and in cemeteries dated to the Spanish Native Period. Göteborg University, Department of Archaeology. Gotemburgo. Suecia.
Kriscautzky, N. y E. Solá 1999. Monumento Histórico Nacional. Ruinas de Inkahuasi. Comisión Nacional de Museos y de Monumentos y Lugares Históricos. Catamarca.
Lema, C. 2004. Tebenquiche Chico en los siglos XVI y XVII. Tesis de licenciatura, Escuela de Antropología, Universidad Nacional de Rosario. Rosario. Disponible en: https://www.academia.edu/869211/Tebenquiche_Chico_en_los_siglos_ XVI_y_XVII (acceso 8-5-2015)
2012a. Mineral de Incahuasi. Oro y memorias en la encrucijada colonial. Tesis de Doctorado, Facultad de Humanidades, Universidad Nacional de Catamarca, San Fernando del Valle de Catamarca. Disponible en: https://www.academia.edu/10894095/Mineral_de_Incahuasi-Oro_e_Historia_en_la_encrucijada_ colonial (acceso 8-5-2015)
2012b. Los conjuntos cerámicos de Tebenquiche Chico en los siglos XVI–XVII. Aportes Científicos desde Humanidades 9: 228-241.
2013. Paisaje minero y producción aurífera colonial en el Mineral de Incahuasi. En Actas del V Congreso Nacional de Arqueología Histórica Argentina, E. M. Rodríguez Leirado y D. Schávelzon (eds.), Tomo 1, pp. 261-279. Editorial Académica Española.
Lister F. y R. Lister 1987. Andalusian Ceramics in Spain and New Spain. University of Arizona Press. Tucson. Estados Unidos.
Marken, M. 1994. Pottery from Spanish shipwrecks 1500-1800. University Press of Florida. Gainesville. Estados Unidos.
Núñez Regueiro, V. y M. Tarragó 1972. Evaluación de datos arqueológicos: ejemplos de aculturación. Estudios de Arqueología 1:36-48.
Orton C., P. Tyers y A. Vince 1997. La cerámica en arqueología. Crítica. Barcelona. España.
Rice, P. y G. Smith 1989. The Spanish colonial wine industry of Moquegua, Peru. Historical Archaeology 23(1):41-49.
Sánchez, J. M. 1996. La cerámica exportada a América en el siglo XVI a través de la documentación del Archivo General de Indias. I. Materiales arquitectónicos y contenedores de mercancías. Laboratorio de Arte 9:125-142.
Schávelzon, D. 2001. Catálogo de cerámicas históricas de Buenos Aires (siglos XVI - XX). Con notas sobre la región del Río de la Plata. FADU, CAU. Buenos Aires. Argentina
Smith, G. 1991. Heard it through the Grapevine: Andean and European contributions to Spanish colonial culture and viticulture in Moquegua, Peru. Ph.D. dissertation, University of Florida.