Revista de Arqueología Histórica Argentina y Latinoamericana
Vol. 18, Núm. 2, julio - diciembre 2024. ISSN 2344-9918
Asociación de Arqueólogos Profesionales de la República Argentina
Artículo original

La Batalla de Ahualulco en México (1858), un estudio Histórico-Arqueológico

The Battle of Ahualulco In Mexico (1858), a Historical-Archaeological study

A Batalha de Ahualulco no México (1858), um estudo Histórico-Arqueológico

Jose Antonio Motilla Chávez
Laboratorio de Estructuras y Dinámicas Sociales (LEDS), Facultad del Hábitat, Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP)
Andrés Raymundo Zuccolotto Villalobos
Laboratorio de Estructuras y Dinámicas Sociales (LEDS), Facultad del Hábitat, Universidad Autónoma de San Luis Potosí (UASLP)
Cómo citar este artículo:
Motilla Chávez, Jose Antonio y Zuccolotto Villalobos, Andrés Raymundo (2024). La batalla de Ahualulco en México (1858), un estudio histórico-arqueológico. Revista de Arqueología Histórica Argentina y Latinoamericana, 18(2), 12-35
RESUMEN:
Este estudio interdisciplinario examina la Batalla de Ahualulco (29 de septiembre de 1858), un evento clave de la Guerra de Reforma (1857-1861), a partir del análisis de fuentes arqueológicas, documentales, y el uso de herramientas computacionales. Desarrollado por el Laboratorio de Estructuras y Dinámicas Sociales (LEDS) de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí, México, el trabajo propone una aproximación crítica al enfrentamiento, contrastando las narrativas historiográficas tradicionales que han abordado el fenómeno, con la evidencia material disponible. El análisis revela discrepancias significativas entre los relatos convencionales y los datos arqueológicos, particularmente en lo referente a las decisiones tácticas que condujeron al triunfo conservador. Se destaca el papel del cerro El Divisadero como punto clave en el desarrollo de la contienda, lo que permite replantear los factores que incidieron en el desenlace del combate. Este enfoque posibilita la formulación de nuevas hipótesis y una reinterpretación crítica del evento, enfatizando el papel del paisaje como elemento central en la planificación militar y la capacidad de adaptación de los mandos a un entorno geográfico complejo.
Palabras clave:
arqueología del conflicto; Guerra de Reforma; análisis espacial; atalla de Ahualulco; estrategias militares
ABSTRACT:
This interdisciplinary study examines the Battle of Ahualulco (September 29, 1858), a key event in the War of Reform (1857–1861), through the analysis of archaeological and documentary sources, as well as computational tools. Conducted by the Laboratory of Structures and Social Dynamics (LEDS) at the Universidad Autónoma de San Luis Potosí (Mexico), the research seeks a more complex understanding of the conflict by contrasting historical accounts with material evidence through spatial analysis. The study highlights the significance of this confrontation as a decisive moment for the conservative forces, halting the liberal advance toward Mexico City. By integrating computational tools and spatial analysis, the research reveals discrepancies between traditional narratives and archaeological evidence, particularly concerning the strategy that secured the conservative victory. Special emphasis is placed on the control of El Divisadero hill, a strategic point that decisively influenced the outcome of the battle, challenging conventional accounts of the engagement. This approach enables the formulation of alternative hypotheses and a critical reinterpretation of the events, underlining the importance of the landscape in military planning and the commanders’ ability to adapt to a challenging environment.
Keywords:
conflict archaeology; Reform War; apatial analysis; Battle of Ahualulco; military strategies
RESUMO:
Este estudo interdisciplinar examina a Batalha de Ahualulco (29 de setembro de 1858), um evento-chave da Guerra da Reforma (1857–1861), por meio da análise de fontes arqueológicas, documentais e ferramentas computacionais. Desenvolvido pelo Laboratório de Estruturas e Dinâmicas Sociais (LEDS) da Universidad Autónoma de San Luis Potosí (México), o trabalho busca uma compreensão mais complexa do confronto, contrastando fontes históricas com evidências materiais por meio de uma análise espacial. A pesquisa destaca a importância dessa confrontação como um momento decisivo para as forças conservadoras, ao deterem o avanço liberal rumo à Cidade do México. Por meio da integração de ferramentas computacionais e análise espacial, o estudo revela discrepâncias entre as narrativas tradicionais e as evidências arqueológicas, especialmente no que diz respeito à estratégia que assegurou a vitória conservadora. Enfatiza-se o controle do colina El Divisadero, um ponto estratégico que influenciou decisivamente o curso da batalha, questionando as narrativas convencionais sobre o confronto. Essa abordagem permite formular hipóteses alternativas e uma reinterpretação crítica dos eventos, ressaltando a importância da paisagem no planejamento militar e a capacidade dos comandantes de se adaptarem a um ambiente desafiador.
Palavras-chave:
arqueologia de conflito; Guerra da Reforma; análise espacial; Batalha de Ahualulco; estratégias militares
Recibido: 30 de septiembre de 2024
Aceptado: 11 de marzo de 2025

INTRODUCCIÓN

En el presente artículo se presenta un análisis multidisciplinario de la Batalla de Ahualulco, (29 de septiembre de 1858) llevado a cabo por el Laboratorio de Estructuras y Dinámicas Sociales (LEDS) de la Facultad del Hábitat de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí (México). Este estudio aborda un acontecimiento clave en la Guerra de Reforma (1857-1861) desde dos perspectivas complementarias: las fuentes arqueológicas y documentales. Aunque la combinación de estas dos fuentes es común en la creación de narrativas históricas, este trabajo va un paso más allá mediante la incorporación de análisis computacionales avanzados para las fuentes históricas, abriendo la puerta a la construcción de narrativas que puedan revelar aspectos aún no estudiados o que no son evidentes con una lectura convencional de las fuentes históricas.

La Batalla de Ahualulco es particularmente relevante, ya que representa un hito único dentro de la Guerra de Reforma: fue una batalla decisiva, ya que para ese momento el Ejército del Norte, bajo el mando de Santiago Vidaurri, tenía tal fuerza que ponía en peligro al presidente Benito Juárez. Se creía que, si Vidaurri vencía a los conservadores en Ahualulco, tendría vía libre para avanzar a la Ciudad de México y podría arrebatar el poder a Juárez (Guerra, 2009, p. 375–405).

En este contexto, el presente trabajo propone una metodología para analizar las fuentes documentales primarias en relación con la historiografía existente, utilizando métodos computacionales para el análisis textual y comparando los resultados con la evidencia material observable en el paisaje actual del sitio de la batalla.

Este enfoque permite el desarrollo de hipótesis alternativas sobre lo ocurrido durante la batalla, aportando una visión más crítica y matizada de los eventos. El artículo comienza con una descripción del marco teórico y la metodología empleada, destacando el uso de herramientas computacionales para el análisis de documentos históricos y las posibilidades heurísticas que estos enfoques ofrecen para el estudio de campos de batalla. Además, se explora cómo el análisis de vestigios materiales y el uso de métodos de análisis espacial permiten generar interpretaciones más complejas y profundas de los hechos históricos.

A continuación, se realiza un recorrido historiográfico que examina cómo la batalla ha sido abordada desde la historia, subrayando la influencia de los principales documentos históricos. Posteriormente, se lleva a cabo un análisis de las fuentes primarias relacionadas con la Batalla de Ahualulco, destacando los elementos clave para identificar las huellas que aún persisten en el paisaje. Uno de los documentos fundamentales para este trabajo fue el Mapa de la Batalla de Ahualulco, elaborado por el capitán J. N. Villegas, que ha permitido comparar las estrategias de los bandos enfrentados con los datos obtenidos a partir del análisis espacial realizado durante el trabajo de campo.

Finalmente, el estudio revela una serie de discrepancias entre la historiografía oficial y los resultados obtenidos a través del análisis de la documentación histórica (planos y documentos) y espacial, lo que lleva a una discusión crítica sobre las implicaciones de estos hallazgos. Las conclusiones sugieren nuevas líneas de investigación para futuros estudios sobre la Guerra de Reforma y, en particular, sobre la Batalla de Ahualulco, un evento aún poco explorado desde la perspectiva de la Arqueología Histórica en México.

TEORÍA Y METODOLOGÍA

La metodología utilizada para analizar la Batalla de Ahualulco se inscribe dentro de la “Arqueología de campos de batalla”, una disciplina que, si bien cuenta con más de dos décadas de desarrollo en América Latina (a partir de investigaciones pioneras como la de Ramos (2000)) ha tenido un desarrollo más reciente en la región en comparación con los países angloparlantes, donde comenzó a consolidarse desde la década de 1960. Este campo de estudio combina enfoques arqueológicos tradicionales con nuevas tecnologías computacionales, como el análisis espacial, la prospección geofísica y el uso de Sistemas de Información Geográfica (SIG). Estas técnicas permiten identificar patrones en la distribución de artefactos y crear representaciones tridimensionales del terreno, lo que enriquece la interpretación de los hechos históricos. Como Landa y Hernández de Lara (2020) señalan, la Arqueología de los campos de batalla ha permitido desafiar las narrativas históricas oficiales, dominadas por los vencedores, y revelar dinámicas más complejas en torno a los conflictos bélicos en América Latina.

Un ejemplo clave de este tipo de análisis es la prospección geofísica y el uso de detectores de metales para localizar restos materiales relacionados con los combates, como proyectiles, armas y municiones. La comprensión de la disposición de las tropas, los desplazamientos durante la batalla y las estrategias empleadas requiere de una interrelación entre el registro arqueológico y otras fuentes. Esto se debe a que el registro arqueológico, por sí mismo, se presenta como un conjunto estático; sólo a través del diálogo entre diversos tipos de fuentes es posible reconstruir una secuencia dinámica del acontecimiento (Leoni, 2015, p.34). En este sentido, la georeferenciación permite generar hipótesis sobre la organización espacial del combate (Landa, 2013; Landa y Hernández de Lara, 2020). Esta metodología facilita el estudio de un evento bélico a partir de la combinación de datos arqueológicos, documentales y espaciales, lo cual potencia las posibilidades heurísticas de la Arqueología de los campos de batalla.

La teoría de rango medio, aplicada en este contexto, sirve como un puente interpretativo que conecta el análisis empírico del registro material con explicaciones más amplias sobre el comportamiento humano durante los conflictos bélicos. Según Binford (1981), esta teoría permite desarrollar inferencias sobre la organización y la cultura de las sociedades a partir de restos arqueológicos, en este caso, el espacio donde se desarrolló la Batalla de Ahualulco. Dado que el contexto arqueológico no permite una experiencia directa del pasado, los “argumentos puente” son esenciales para interpretar los datos materiales en función de dinámicas sociales complejas (Rabb y Goodyear, 1998). Así, el análisis de fuentes y vestigios no solo permite reconstruir eventos militares, sino también comprender las implicaciones sociales y culturales que subyacen a dichos eventos.

Aunado a esto, el análisis de la Batalla de Ahualulco recurre a análisis computacionales aplicados a las fuentes primarias, lo que permite un abordaje más complejo y detallado de los eventos históricos. Estos métodos no solo enriquecen la interpretación del pasado, sino que también permiten la creación de narrativas más precisas sobre la violencia y el conflicto en el contexto latinoamericano (González Ruibal, 2020). La interdisciplinariedad en estos estudios, al combinar fuentes documentales, materiales y orales, y diversos tipos de análisis de estas, expande el campo de estudio de la arqueología de conflictos bélicos y pone en evidencia las múltiples formas en las que el paisaje y el conflicto están interrelacionados (Scott et al., 1989).

En esta línea, el Laboratorio de Estructuras y Dinámicas Sociales (LEDS) de la Facultad del Hábitat de la Universidad Autónoma de San Luis Potosí desarrolla el proyecto “Análisis de Redes Relacionales que subyacen a textos históricos: un enfoque desde la teoría de gráficas” (CF-G-2023-941), financiado por la convocatoria 2023 del programa Ciencia de Frontera del Conacyt. Uno de los ejes clave de este proyecto es el análisis computacional del Diario de Juan de Vildósola, un seminarista radicado en la ciudad de San Luis Potosí, quien documentó con gran minuciosidad los acontecimientos cotidianos y políticos entre enero de 1857 y diciembre de 1859, en el contexto de la Guerra de Reforma.

A partir de este documento, el proyecto busca implementar herramientas computacionales basadas en teoría de gráficas para identificar y analizar las redes sociales subyacentes en textos narrados desde la perspectiva de un testigo presencial. La pregunta central es si este tipo de fuentes —particularmente los diarios personales— pueden, al ser examinadas desde marcos teóricos propios de la complejidad, revelar elementos estructurales que no son evidentes en una lectura tradicional. En otras palabras, se plantea que es posible identificar propiedades emergentes del texto que reflejan aspectos más amplios de la organización social del momento.

Con este objetivo, se preparó el Diario para su análisis computacional, modelando la red social descrita mediante el algoritmo de crecimiento de redes libres de escala propuesto por Barabási y Albert (1999). Este modelo, basado en el principio de conexión preferencial, permite simular cómo unos pocos nodos altamente conectados concentran la mayoría de las interacciones, reflejando una estructura social jerárquica en la que ciertos personajes —como líderes políticos y militares— desempeñan roles centrales.

La simulación consistió en construir una red inicial de 10.000 nodos con apego preferencial, replicando la forma en que Vildósola, como observador, pudo haber documentado solo una fracción de la red social total. Se introdujeron dos tipos de eventos: aquellos del entorno inmediato (20% de probabilidad), que reflejan la interacción entre personajes cotidianos, y aquellos vinculados a figuras prominentes y sus redes (80% de probabilidad), garantizando que la estructura resultante se asemejara a una red de escala libre. En esta red, los hubs o nodos centrales aseguran la cohesión del sistema y permiten entender cómo se articulaba la vida política y social en ese momento histórico (Motilla-Chávez et.al., 2024).

La comparación entre la red empírica del diario y el modelo simulado mostró similitudes notables: ambas presentan un alto coeficiente de clusterización y una distribución de grados que sigue una ley de potencias. Esto sugiere que la red documentada por Vildósola es una representación parcial pero verosímil de la estructura social de la época. Además, el análisis permitió observar cómo las transiciones políticas entre liberales y conservadores afectaron la configuración de la red, reordenando las conexiones entre actores clave conforme se modificaban las dinámicas de poder.

Los resultados obtenidos a partir de esta metodología permiten destacar tres conclusiones principales (Motilla-Chávez et al., 2021):

  1. A pesar de los cambios asociados a las sucesivas transiciones entre gobiernos conservadores y liberales, la estructura general de la red social se mantiene relativamente estable.
  2. Las modificaciones observadas en la red muestran un comportamiento oscilatorio y, en cierta medida, reversible, lo cual sugiere la existencia de mecanismos de reorganización robustos ante las transformaciones políticas.
  3. Aunque las redes analizadas se construyen a partir de los personajes mencionados por Vildósola, los patrones observados permiten inferir dinámicas más amplias de la vida cotidiana en San Luis Potosí durante el periodo estudiado.

En conjunto, estos hallazgos refuerzan el valor metodológico de aplicar modelos de redes complejas al análisis de fuentes históricas narrativas, y abren nuevas posibilidades para comprender cómo se estructuraban e interrelacionaban los actores sociales en contextos de conflicto del siglo XIX mexicano.

La siguiente fase del proyecto se centró en una comprensión más compleja y articulada de los diversos procesos documentados en el Diario de Juan de Vildósola. El objetivo fue construir un sistema de información basado en un corpus amplio que permitiera problematizar el pasado desde una perspectiva integral, combinando análisis histórico, documental, espacial y computacional. Dentro de este corpus, uno de los eventos más significativos es la Batalla de Ahualulco, considerada una acción decisiva en el curso de la Guerra de Reforma.

A pesar de su relevancia, la batalla ha sido escasamente tratada en la historiografía nacional. Existen pocos estudios que la aborden con profundidad o desde un enfoque crítico. En este contexto, el Diario de Vildósola se presenta como una fuente invaluable: registra, desde la ciudad de San Luis Potosí —ubicada a apenas 40 kilómetros del campo de batalla—, la circulación de noticias y la recepción local del conflicto, ofreciendo así una mirada cercana, aunque indirecta, a los hechos.

A partir de esta fuente, y en diálogo con otras referencias bibliográficas, documentos de archivo y trabajo de campo arqueológico, el proyecto propone una lectura renovada de la batalla desde los postulados de la teoría del rango medio. Este enfoque, común en la Arqueología de campos de batalla, permite vincular la evidencia empírica con interpretaciones más amplias sobre la organización social, las estrategias militares, y la transformación del paisaje en contextos de violencia. Así, se busca no solo reconstruir el evento en sus aspectos tácticos, sino también comprenderlo como un fenómeno social complejo, imbricado en una red de relaciones políticas, territoriales y simbólicas propias del siglo XIX mexicano.

HISTORIOGRAFÍA SOBRE LA GUERRA DE REFORMA Y LA BATALLA DE AHUALULCO

La Guerra de Reforma fue el proceso armado y guerra civil más violenta, territorialmente extensa y con mayor polarización política del siglo XIX (Knight, 2013). Fue un enfrentamiento en el que, por medio de las armas, se disputaron dos proyectos de nación; por un lado, la ruptura con la herencia hispánica, la separación iglesia- estado, y la implementación de una nueva constitución y conjunto con diversas leyes de corte liberal, que buscaban el fortalecimiento del estado al promover un estado moderno y laico. Y por el otro, la preeminencia de los fueros a la iglesia y al ejército, y la no implementación de políticas impulsadas por el bando liberal. El primero de los grupos, comúnmente denominado como liberal, encabezado por personajes como Benito Juárez, Melchor Ocampo, Santos Degollado, Ignacio Zaragoza, Guillermo Prieto y Sebastián Lerdo de Tejada. El segundo, comúnmente denominado conservador, tuvo entre sus filas a personajes como Miguel Miramón, Leonardo Márquez, Tomás Mejía y Félix María Zuloaga.

Esta generación, también conocida como “de la reforma”, supuso un relevo generacional respecto a la clase política, que en su mayoría habían tenido participación directa en la revolución de independencia. Buscaban involucrarse en la vida pública y dirigir el destino de la nación. Con el triunfo en la revolución de Ayutla (1854), con la cual derrocaron a Antonio López de Santa Anna, en octubre de 1855 Juan Álvarez asumió la presidencia y, en congruencia con el Plan de Ayutla, reformado en Acapulco diez días más tarde, convocó a la conformación de un congreso constituyente, que tendría como principal tarea dotar al país de una nueva constitución.

A finales de 1857, Ignacio Comonfort dio un golpe de estado con el argumento de establecer una dictadura moderada y nacional. A poco menos de un mes, en enero de 1858, Comonfort fue derrocado por Félix Zuloaga mediante el Plan de Tacubaya. A partir de ese momento, el país se polarizó profundamente entorno a dos proyectos “radicales e intransigentes”: el gobierno militar de Félix Zuloaga y Miguel Miramón en el centro de México, y el reformista o liberal, encabezado por Benito Juárez, que defendía la Constitución de 1857. Estas diferencias se dirimieron en una cruenta guerra civil.

Por su posición estratégica en el centro norte del país, la ciudad de San Luis Potosí fue un espacio que a lo largo del conflicto se disputaron ambos bandos. Si bien el Diario de Juan Vildósola, no abarca la totalidad del conflicto, este documento señala siete transiciones de gobierno entre enero de 1857 y diciembre de 1859, es decir, durante parte importante del conflicto, lo cual nos permite comprender lo cambiante que resultó la cuestión política en ciudades como la de San Luis Potosí (Tabla 1).

Tabla 1. Transiciones de gobierno en San Luis Potosí, 1857-1859. Elaboración propia.
Table 1. Government transitions in San Luis Potosí, 1857–1859. Table created by the authors.
Tabla 1. Transiciones de gobierno en San Luis Potosí, 1857-1859. Elaboración propia.

Como lo muestra la información sistematizada en la tabla, desde el 30 de junio de 1858 la ciudad de San Luis Potosí quedó bajo control del Ejército del Norte, liderado por Santiago Vidaurri. Durante este periodo, el gobierno liberal adoptó una serie de medidas enérgicas que incluyeron la imposición de contribuciones extraordinarias a la Iglesia y a particulares, la expulsión de ciudadanos españoles, y la persecución de personas identificadas con la causa conservadora.

Sin embargo, la ofensiva emprendida por el general Miguel Miramón a inicios de agosto obligó al repliegue progresivo de las fuerzas liberales. Ante la inminente llegada del Ejército Conservador, el 11 de septiembre Vidaurri evacuó la capital potosina y se retiró al pueblo de Ahualulco. Esta retirada facilitó la entrada de Miramón a San Luis Potosí el 12 de septiembre, acompañado por cuatro mil hombres, cifra que ascendería a seis mil durante las dos semanas que permaneció en la ciudad. Lo escoltaban altos mandos conservadores como Leonardo Márquez y Tomás Mejía (Velázquez, 2004, p. 636).

La Batalla de Ahualulco, librada entre el 25 y el 29 de septiembre de 1858, enfrentó al Ejército Conservador, comandado por Miramón, contra las tropas liberales de Vidaurri. En ese momento, el Ejército del Norte era considerado el principal sostén militar del gobierno juarista, al punto que el propio Vidaurri llegó a amenazar la autoridad del presidente, al tener gran poder e influencia en el norte del país ya que contaba con importantes recursos políticos, económicos y humanos que le habían permitido organizar un tren de guerra notable (Guerra, 2009, pp. 375–405).

La confianza en la victoria era generalizada entre las filas liberales. El militar Manuel Valdés escribió desde el campo de batalla: “Nuestra derrota es lo único que salvará al enemigo, y que logre batirnos no es ni probable” (Valdés, 1913, p. 61). Esta afirmación ilustra el exceso de confianza en la superioridad liberal, así como el menosprecio hacia la capacidad militar de Miramón. El propio Valdés lo describía con desdén:

Quisiera yo creerlo, pero no puedo, porque ni lo considero militar ni hombre de valor como lo suponen tantos necios y crédulos. Precisamente, lo que tanto nos ha favorecido es la circunstancia de no ser ni valiente ni hombre de conocimientos verdaderamente militares (Valdés, 1913, p. 60).

El enfrentamiento fue un desafío táctico de grandes proporciones. Las características topográficas del entorno, la cantidad de efectivos en ambos bandos, y la importancia política del desenlace, colocaban a Ahualulco como un punto potencialmente decisivo para el curso de la guerra. Una victoria para Vidaurri habría consolidado su liderazgo dentro del liberalismo e incluso debilitado la centralidad del gobierno de Juárez.

Según el relato de Primo Feliciano Velázquez, la estrategia inicial de Vidaurri, establecer su cuartel en el pueblo de Ahualulco, fue mal recibida por su ejército, cuyas tropas presintieron la derrota (Velázquez, 2014, p. 636). Juan Zuazua intentó disuadirlo de abandonar la capital potosina, pero no tuvo éxito. Las fuerzas liberales se desplegaron entre la hacienda de La Parada y Ahualulco, y trabajaron en el reconocimiento del terreno, incluyendo la apertura de un camino hacia la cima del cerro del Zapatero (actualmente conocido como cerro El Divisadero), donde colocaron piezas de artillería.

El coronel Edward H. Jordan, militar estadounidense, fue el encargado de levantar el plano del campo de batalla, el cual fue aprobado por Vidaurri. El 25 de septiembre, Miramón se aproximó a Ahualulco y al día siguiente realizó movimientos tácticos y simulacros de ataque, incluyendo intercambios de artillería.

El 27 de septiembre, Miramón se replegó al Rancho de Bocas. Este movimiento fue interpretado por los liberales como una retirada hacia San Luis Potosí, lo que llevó a Vidaurri a ordenar a José Silvestre Aramberri ocupar la ciudad con dos mil rifleros. La operación se ejecutó bajo una intensa lluvia, con tropas mal equipadas para las condiciones.

Ese mismo día, Vidaurri recibió noticias del triunfo de Santos Degollado sobre Francisco García Casanova en Cuevitas (Jalisco), el 21 de septiembre. La victoria fortalecía la posibilidad de que Degollado avanzara hacia Guadalajara y, eventualmente, a la Ciudad de México. En este contexto, Vidaurri contraordenó la ocupación de San Luis y replegó a Aramberri.

Al amanecer del 28 de septiembre, en un intento por reestructurar su estrategia, Vidaurri dispuso cambios logísticos que debilitaron su posición: los trenes de reserva quedaron prácticamente abandonados y la cima del cerro del Zapatero, pieza clave del terreno, quedó expuesta al enemigo (Velázquez, 2014, p. 636). Miramón aprovechó esta situación y marchó nuevamente sobre Ahualulco. Esa misma tarde, Tomás Mejía tomó el control del cerro del Zapatero por el camino previamente abierto por los liberales.

El 29 de septiembre, tras un fuerte cañoneo desde la altura del cerro, Miramón lanzó un ataque frontal que culminó, hacia las dos de la tarde, con la victoria conservadora. El exceso de confianza y los errores tácticos cometidos por el Ejército del Norte resultaron fatales. La derrota de Vidaurri supuso el colapso de su hegemonía en el norte, truncando sus aspiraciones de consolidarse como figura central dentro del liberalismo, aspiraciones que había alimentado incluso en diálogo con personajes como Melchor Ocampo. Más que una derrota militar, Ahualulco representó el ocaso de su proyecto político personal, que ponía en tensión directa al liderazgo de Benito Juárez (Guerra, 2009, pp. 375–405).

El propio Valdés, al reflexionar sobre la derrota, identificó en ella no sólo errores tácticos, sino fracturas internas entre las filas liberales:

El mezquino espíritu del provincialismo que se había desarrollado entre nosotros, y que tantos jefes fomentaban […] Los responsables de la derrota son el Sr. Vidaurri y su segundo en jefe en la acción, D. Eduardo M. Cordan, a cuya supuesta pericia el Sr. Vidaurri fió la existencia de todo el ejército (Valdés, 1913, pp. 65–66).

Por su parte, el militar Eduardo Paz atribuyó el éxito conservador no solo a Miramón, sino también a la experiencia táctica del general Leonardo Márquez y a la “bizarría, denuedo e iniciativa del coronel Vélez” (Paz, 1907, p. 455).

Pese a su relevancia, la Batalla de Ahualulco ha sido escasamente estudiada por la historiografía contemporánea. Este vacío contrasta con su importancia estratégica dentro del conflicto, y pone de relieve la necesidad de abordarla desde nuevas metodologías interdisciplinarias que articulen fuentes documentales, análisis computacionales y trabajo de campo arqueológico para una reconstrucción más precisa de los procesos históricos del siglo XIX mexicano.

ANÁLISIS DEL PAISAJE

El análisis espacial en la Arqueología de campos de batalla constituye una herramienta metodológica imprescindible para desentrañar la complejidad de los eventos bélicos y su impacto en el paisaje. Este tipo de estudios permite ir más allá de las interpretaciones tradicionales basadas únicamente en fuentes documentales, ofreciendo una perspectiva multidimensional que integra el entorno físico, la disposición de los elementos materiales para lograr inferir la dinámica del conflicto. Con base en Landa (2013), los campos de batalla deben entenderse como “espacios sociales definidos de manera única”, caracterizados por su temporalidad efímera y la especificidad de las actividades que en ellos se desarrollaron. Estos sitios, a menudo marcados por el abandono inmediato tras el enfrentamiento, conservan una memoria material que se manifiesta en la distribución de vestigios como municiones, fortificaciones temporales, trincheras y objetos personales. La georreferenciacion del registro arqueológico posibilita realizar un análisis espacial, mediante el cual es posible identificar patrones en la ubicación de las tropas, movimientos durante la batalla y las areas de mayor intensidad del combate. Además, al cruzar estos datos con fuentes históricas, es posible identificar incongruencias y reinterpretar las narrativas dominantes, proporcionando una visión compleja del conflicto.

El análisis espacial es un componente esencial tanto para la Historia como para la Arqueología de campos de batalla, ya que proporciona una perspectiva integral para entender los procesos que se desarrollaron durante los enfrentamientos bélicos. A diferencia de las narrativas históricas tradicionales, que a menudo se basan en documentos escritos cargados de subjetividad, el estudio del paisaje permite desentrañar la dimensión material del conflicto y las decisiones tácticas que influyeron en el curso de la batalla. Este enfoque ayuda a reconstruir no solo la disposición y el movimiento de las tropas en el campo, sino también a captar la experiencia vivida por los ejércitos en un entorno específico, revelando cómo factores como la topografía, la visibilidad y la accesibilidad condicionaron las estrategias y el desenlace del enfrentamiento. En el caso de la Batalla de Ahualulco, el análisis espacial adquiere una relevancia particular, ya que permite identificar patrones geográficos que, cuando se interpretan a tráves de la táctica y estrategia militar, ofrecen una comprensión de las acciones emprendidas por ambos bandos. De este modo es posible complementar y superar las limitaciones inherentes a las fuentes documentales.

Este tipo de estudios ofrece una visión más profunda y matizada de las dinámicas de la batalla, al identificar características del terreno que pudieron haber sido decisivas en la planificación y ejecución de las maniobras militares. Por ejemplo, la ubicación de colinas, valles y riscos en el paisaje de Ahualulco puede explicar decisiones clave, como la elección de posiciones defensivas o rutas de ataque, que no siempre se reflejan en los partes militares y las crónicas históricas. Al integrar esta información con el registro arqueológico, es posible visualizar cómo los combatientes utilizaron el espacio disponible para maximizar sus ventajas o minimizar sus desventajas, y cómo estas decisiones tácticas se materializaron en el terreno.

En este caso, el uso de tecnologías como los Sistemas de Información Geográfica (SIG) para el estudio de los campos de batalla está ampliando las posibilidades analíticas y heurísticas de la arqueología. Estas herramientas permiten crear modelos tridimensionales del terreno, identificar cambios en el paisaje y realizar análisis de visibilidad y accesibilidad que habrían sido imposibles de realizar con métodos tradicionales. En el caso de la Batalla de Ahualulco, por ejemplo, la aplicación de estas tecnologías ha facilitado la identificación de áreas clave donde se concentró la acción militar, así como la ubicación de estructuras defensivas y líneas de fuego. Esta información, al ser contrastada con los relatos contenidos en los partes militares, frecuentemente redactados desde perspectivas oficiales y con fines legitimadores, permite una evaluación crítica de la veracidad y la precisión de estos documentos. Como señala Landa (2013), la Arqueología de campos de batalla no solo se enfoca en la recuperación de artefactos, sino en la reconstrucción del paisaje bélico como un todo, incluyendo las interacciones humanas y la transformación del espacio. Este enfoque integrado proporciona una base empírica sólida para explorar cómo la geografía y el entorno influyeron en las decisiones estratégicas y tácticas1, y cómo estas, a su vez, dejaron una huella en el registro arqueológico, permitiendo así un entendimiento más profundo y complejo de la violencia organizada y su papel en la historia.

Uno de los documentos fundamentales para el análisis de las estrategias empleadas en la Batalla de Ahualulco es el mapa elaborado por el Capitán J.N. Villegas (Figura 1), el cual proporciona un registro detallado de los movimientos de los bandos beligerantes en el terreno donde se desarrolló el evento, desglosados por días e, incluso, indicando las horas de algunas maniobras. Este tipo de documentos históricos son valiosos por su capacidad de ofrecer una representación contemporánea del desarrollo de la batalla, pero no están exentos de limitaciones. A menudo, reflejan la perspectiva del bando vencedor o del autor, introduciendo sesgos y posibles distorsiones que pueden desviar la interpretación de los hechos reales. En este sentido, el mapa de Villegas debe ser considerado con cautela, ya que podría omitir detalles cruciales, exagerar la efectividad de ciertas estrategias o subestimar las tácticas del enemigo. Por ello, su información necesita ser contrastada rigurosamente con el análisis espacial del sitio, para así validar o cuestionar las narrativas establecidas y permitir la formulación de nuevas hipótesis más ajustadas a la realidad del enfrentamiento.

Figura 1. Mapa de la batalla de Ahualulco por el Capitán J.N. Villegas. Mapoteca Manuel Orozco y Berra, OYB.JAL. M45.V1.0034.
Figure 1. Map of the Battle of Ahualulco by Captain J.N. Villegas. Manuel Orozco y Berra Map Library, OYB.JAL. M45.V1.0034.
Figura 1. Mapa de la batalla de Ahualulco por el Capitán J.N. Villegas. Mapoteca Manuel Orozco y Berra, OYB.JAL. M45.V1.0034

Al comparar el contenido del mapa con los hallazgos arqueológicos y el análisis del paisaje, se pueden identificar discrepancias significativas que invitan a reconsiderar la interpretación tradicional de la batalla. El análisis espacial permite realizar hipótesis sobre la ubicación de las posiciones de las tropas, las rutas de avance y las zonas de mayor intensidad de combate, proporcionando un contexto tridimensional que puede corregir o complementar las afirmaciones del documento. Este proceso de verificación no solo enriquece la comprensión de las estrategias militares desplegadas, sino que también ofrece una oportunidad para explorar cómo el terreno pudo haber condicionado la toma de decisiones y la efectividad de las maniobras. Por ejemplo, el mapa podría sugerir un desplazamiento exitoso de tropas que, al superponerlo con la realidad geográfica del valle, resulta impracticable debido a obstáculos naturales no representados. De esta manera, la integración del análisis espacial (Figura 2) con el estudio crítico del mapa de Villegas no solo refuerza la interpretación arqueológica, sino que también abre la puerta a una reevaluación más precisa y crítica de las estrategias militares empleadas en la Batalla de Ahualulco, superando las limitaciones de las fuentes documentales tradicionales y construyendo una narrativa más compleja y fundamentada sobre este acontecimiento histórico.

Figura 2. Mapa general de la ubicación de Ahualulco. Elaboración propia.
Figure 2. General map of the location of Ahualulco. Figure created by the authors.
Figura 2. Mapa general de la ubicación de Ahualulco. Elaboración propia

Uno de los aspectos más destacados en el análisis del paisaje de la Batalla de Ahualulco es la elección estratégica del espacio para llevar a cabo el enfrentamiento. La ubicación en el valle de Ahualulco no fue accidental, sino que parece responder a una evaluación consciente de sus condiciones geográficas. Este valle, situado a 40 kilómetros al noroeste de la capital de San Luis Potosí, ofrecía un terreno aparentemente favorable para desplegar una amplia gama de maniobras militares (Figura 3). A partir del análisis espacial, se plantean la hipótesis de que, al tratarse de un espacio abierto y de gran amplitud, el sitio habría permitido un control visual extendido del entorno, facilitando así tanto la defensa del territorio como la coordinación táctica entre las unidades. La capacidad de dominar visualmente el terreno y la posibilidad de maniobrar con relativa libertad se presentan como factores clave que posiblemente fueron considerados al elegir esta ubicación. Además, su distancia respecto a la ciudad habría contribuido a reducir el riesgo de daños colaterales a la población civil.

Figura 3. Vista Panorámica del Valle. Elaboración propia.
Figure 3. Panoramic view of the valley. Figure created by the authors.
Figura 3. Vista Panorámica del Valle. Elaboración propia

El análisis del mapa del capitán Villegas, que corresponde a los movimientos realizados el 25 y 26 de septiembre, revela cómo los dos bandos supieron aprovechar las características topográficas del valle. Los conservadores se posicionan estratégicamente en la zona sur, una elevación que les brindaba una ventaja táctica al permitirles dominar visualmente el espacio y utilizar el río de Bocas como una barrera natural para mantener la posición de los liberales. Esta ubicación por parte de los conservadores facilitaba el control sobre los movimientos enemigos y ofrecía una base sólida para las operaciones defensivas. Por su parte, los liberales, aunque desprovistos de esta ventaja inicial, supieron adaptarse al terreno y desplegar artillería en las montañas circundantes, buscando equilibrar la balanza al cubrir las posiciones conservadoras y limitar su capacidad de maniobra (Figura 4). Esta disposición espacial refleja un complejo juego de tácticas y contramedidas, en el que cada facción trataba de explotar al máximo las ventajas y minimizar las desventajas del entorno geográfico.

Figura 4. Posiciones entre el 25 y 26 de septiembre según el Capitán Villegas. Elaboración propia.
Figure 4. Positions between September 25 and 26 according to Captain Villegas. Figure created by the authors.
Figura 4. Posiciones entre el 25 y 26 de septiembre según el Capitán Villegas. Elaboración propia

Aunado a esto, el análisis espacial de esta primera fase de la batalla muestra que, si bien el valle de Ahualulco ofrecía condiciones adecuadas para el enfrentamiento, ambos bandos presentaban riesgos significativos al comprometer a sus fuerzas en este terreno. Los conservadores, a pesar de su posición privilegiada, se exponían a los ataques de artillería desde las alturas, mientras que los liberales, limitados por su ubicación en terreno bajo, debían hacer frente a la amenaza de una posible carga de caballería e infantería. Con esta vulnerabilidad mutua es posible inferir la decisión de los comandantes de trasladar el combate hacia una zona más al noreste del valle, buscando un terreno que presentara condiciones más favorables para el desarrollo de la batalla. La reubicación sugiere un proceso de adaptación y reevaluación constante del terreno, donde cada movimiento estratégico era calculado para maximizar las posibilidades de éxito en un entorno dinámico y cambiante.

En el análisis del sitio donde se desarrollaron los acontecimientos entre los días 27 y 29 de septiembre, es posible identificar un cambio en las estrategias relacionadas con el control del espacio, particularmente en relación con la altimetría del terreno. Las posiciones ocupadas durante este periodo corresponden a zonas elevadas que ofrecían ventajas tácticas tanto para la ofensiva como para la defensa frente a las áreas más bajas. En este contexto, se observa que, desde el día 27, las fuerzas liberales lograron establecerse en el cerro El Divisadero, mencionado en los documentos de la batalla como “cerro del Zapatero”, desde donde obtuvieron una ventaja significativa mediante el emplazamiento de artillería (Figura 5). Esta posición elevada permitió a los liberales ejercer un control efectivo sobre los movimientos de las tropas conservadoras. Por sus características topográficas y su impacto en el desarrollo del enfrentamiento, El Divisadero se configura como el punto estratégico más relevante de la zona, ya que ofrecía condiciones favorables para la observación, el fuego a distancia y la contención del avance conservador.

Figura 5. Posiciones tomadas a partir del 27 de septiembre según el Capitán Villegas. Elaboración propia.
Figura 5. Positions taken as of September 27 according to Captain Villegas. Figure created by the authors.
Figura 5. Posiciones tomadas a partir del 27 de septiembre según el Capitán Villegas. Elaboración propia

Por estas razones es que es tan importante lograr el control de este cerro, en el paisaje actual se puede analizar que desde este punto es posible realizar tácticas más ofensivas y dominar el valle, no es de extrañarse entonces que los conservadores buscarán establecerse en este sitio. Es así como para la tarde del 28 de septiembre logran tomar ese lugar. Desde la historiografía clásica de la batalla (Muro, 1973; Valdez, 1913; Vildósola, 1857-1859) dicha estrategia es el punto clave en Ahualulco ya que con ello logran posicionarse en una situación ofensiva para los liberales, voltear las piezas de artillería y mermar sus defensas.

Esta estrategia resulta particularmente interesante desde el análisis del espacio, ya que, según el mapa de Villegas, los cañones fueron tomados desde posiciones que, en términos topográficos, implicaban una maniobra compleja. Al frente del cerro donde se ubicaban estas piezas de artillería se encuentra un risco de más de 30 metros de altura, lo que dificulta notablemente el acceso directo. A partir de esta observación, se plantea la hipótesis de que la toma de los cañones debió realizarse por la retaguardia, probablemente durante horas de escasa iluminación, lo que habría facilitado la penetración de las defensas liberales sin ser detectados de inmediato.

Durante los días 28 y 29 de septiembre, el control de las elevaciones en Ahualulco se convirtió en un factor crucial para las estrategias de ambos bandos, ya que estos puntos ofrecían una ventaja táctica significativa para dominar el valle y sus alrededores (Figura 6). En particular, el cerro El Divisadero, que fue asegurado por las fuerzas liberales el 28 de septiembre, representaba un sitio estratégico fundamental para establecer piezas de artillería. Desde esta posición elevada, las tropas liberales podían observar y controlar el movimiento de las fuerzas conservadoras en el valle, lo que les permitía lanzar ataques de manera eficaz y mantener una defensa sólida. El cerro, al ofrecer una vista panorámica y un ángulo de ataque favorable, se convirtió en la clave para ejercer dominio sobre el campo de batalla, ya que desde allí se podía dirigir el fuego de artillería hacia las tropas enemigas con gran precisión y eficacia.

Figura 6. Toma del cerro El Divisadero el día 29 de septiembre a las 11:30 según el Capitán Villegas. Elaboración propia.
Figure 6. Capture of El Divisadero hill on September 29 at 11:30 a.m. according to Captain Villegas. Figure created by the authors.
Figura 6. Toma del cerro El Divisadero el día 29 de septiembre a las 11:30 según el Capitán Villegas. Elaboración propia

Este cambio en el control territorial marcó un punto de inflexión en la batalla, ya que las fuerzas del llamado Supremo Gobierno no solo aseguraron un dominio visual sobre el valle, sino que también revirtieron la ventaja que los liberales habían obtenido previamente. Con la captura del cerro, los conservadores pudieron reposicionar las piezas de artillería capturadas, volviendo los cañones contra las líneas liberales, debilitando sus defensas y forzándolos a adoptar una postura más defensiva.

La reacción de las fuerzas conservadoras para asegurar el control del cerro El Divisadero el 28 de septiembre subraya la comprensión que ambos bandos tenían de la importancia del espacio en la guerra. Los conservadores, al ver la ventaja que los liberales habían obtenido, decidieron ejecutar un movimiento para capturar esta posición clave. Esta operación no solo implicaba superar las defensas en el cerro, sino también enfrentarse a la complicada geografía del lugar. La hipótesis que se desarrolla aquí es que fue una elección de realizar el ataque desde la retaguardia y en momentos de baja visibilidad lo que sugiere un alto nivel de planificación y conocimiento del terreno por parte de Miramón y su oficialidad. Esta táctica, basada en la sorpresa y el sigilo, les permitió no solo evitar una confrontación directa en condiciones desfavorables, sino reposicionar la artillería capturada para revertir su uso en contra del ejercito enemigo (Figura 7). Este cambio en el control del terreno fue un punto de inflexión en la batalla, demostrando cómo la adaptación rápida y efectiva a las condiciones geográficas puede alterar el balance de poder en un enfrentamiento armado.

Figura 7. Derrota y retirada del ejército liberal el día 29 de septiembre por la tarde según el Capitán Villegas. Elaboración propia.
Figure 7. Defeat and retreat of the Liberal army on the afternoon of September 29 according to Captain Villegas Figure created by the authors.
Figura 7. Derrota y retirada del ejército liberal el día 29 de septiembre por la tarde según el Capitán Villegas. Elaboración propia

El cerro El Divisadero, con su prominente acantilado de más de 30 metros, presentaba un desafío logístico considerable para cualquier fuerza que intentase asaltarlo. Este elemento natural no sólo constituía una formidable barrera natural, sino que también actuaba como un factor psicológico, disuadiendo a cualquier atacante de intentar una escalada directa. La hipótesis de que los conservadores tomaron la posición mediante un asalto nocturno desde la retaguardia destaca su capacidad para adaptarse a las dificultades del terreno y utilizar tácticas de guerra no convencionales para superar las desventajas iniciales. Este tipo de operación requería una coordinación precisa y un conocimiento detallado del espacio, lo que sugiere que los comandantes estaban bien preparados y habían estudiado meticulosamente las características geográficas del paisaje. Al aprovechar la oscuridad y el terreno menos protegido por la retaguardia, los conservadores lograron penetrar las defensas liberales con éxito, capturando el cerro y asegurando una ventaja táctica decisiva.

La captura del cerro El Divisadero, seguida del despliegue de artillería contra las posiciones liberales, no solo consolidó la ofensiva conservadora, sino que también minó significativamente la capacidad defensiva del bando liberal. Este cambio en el control del terreno representó un punto de inflexión en el desarrollo de la batalla, alterando su dinámica y obligando a las fuerzas liberales a replegarse y reorganizarse en una posición estratégica menos favorable. Aunque esta batalla ha sido escasamente estudiada, constituyó un episodio decisivo dentro del conflicto, anticipando varios de los acontecimientos clave que marcarían el curso de la Guerra de Reforma, como lo señala Strobel (2024). A través de esta batalla es posible entender la interacción entre las decisiones humanas y las características geográficas en el campo de batalla. La topografía no es solo un fondo estático sobre el que se desarrollan los eventos históricos; es un actor dinámico que condiciona las estrategias y las tácticas empleadas por los ejércitos.

Este enfoque, que combina un análisis espacial detallado con una lectura crítica de las fuentes históricas, permite revelar las complejidades inherentes a la guerra dentro de un contexto geográfico específico. Asimismo, ejemplifica cómo los comandantes deben adaptarse continuamente a las condiciones cambiantes del terreno, ya que tales decisiones pueden influir decisivamente en el desarrollo y desenlace de un conflicto, como lo han señalado teóricos clásicos de la guerra como Clausewitz (1989) y Liddell Hart (1954). La captura del cerro El Divisadero durante la Batalla de Ahualulco ilustra que el control de un punto elevado no solo otorga ventajas tácticas inmediatas, sino que también tiene un peso estratégico significativo, especialmente en un momento en que las fuerzas liberales enfrentaban una serie de derrotas ante el avance de Miramón. Este tipo de análisis, al integrar la arqueología con herramientas de análisis espacial, permite una reconstrucción más rica y matizada de los eventos históricos, desafiando las narrativas historiográficas tradicionales y ofreciendo una comprensión más profunda del papel que desempeña el paisaje en la historia militar.

CONCLUSIÓN

El estudio historiográfico de los campos de batalla resulta fundamental no solo para comprender los eventos militares en sí mismos, sino también para analizar cómo las narrativas sobre estos conflictos han sido construidas, transmitidas y reinterpretadas a lo largo del tiempo. Las crónicas oficiales y las memorias militares tienden a ofrecer versiones parcializadas de los hechos, en las que se glorifica a los vencedores y se ocultan o minimizan los errores tácticos. La integración del análisis historiográfico con enfoques arqueológicos y espaciales permite identificar estos sesgos y contrastarlos con la evidencia material, generando interpretaciones más equilibradas y fundamentadas.

En el caso de la Batalla de Ahualulco, esta metodología ha permitido cuestionar narrativas tradicionales y proponer lecturas más complejas del conflicto. Asimismo, el estudio de documentos contemporáneos a los eventos pone en evidencia cómo la memoria de estos sucesos ha sido moldeada por intereses políticos y culturales, condicionando las formas en que las sociedades construyen su relación con el pasado.

El análisis espacial aplicado a la Batalla de Ahualulco ha permitido superar las limitaciones de las fuentes documentales tradicionales, revelando detalles ocultos en el paisaje que son importantes para comprender la dinámica del enfrentamiento. Al integrar la información histórica con un estudio detallado del terreno, se ha logrado no solo corroborar ciertos aspectos estratégicos de la batalla, sino también cuestionar narrativas tradicionales, generando una visión más matizada y precisa de los hechos. El control de elevaciones como el cerro del Divisadero y la movilidad de las tropas en el valle destacan la importancia de la topografía en la planificación militar, así como la capacidad de adaptación de los comandantes a un entorno geográficamente desafiante. Estos hallazgos subrayan que la Arqueología de campos de batalla, apoyada en el análisis espacial, es fundamental para reconstruir de manera integral los eventos bélicos y sus implicaciones en el contexto histórico más amplio.

Como se vio anteriormente, el análisis espacial no solo complementa la información histórica, sino que la enriquece, permitiendo formular nuevas hipótesis y reinterpretar la batalla desde una perspectiva más holística y crítica, aportando a un entendimiento más complejo de los eventos que marcaron este episodio crucial de la Guerra de Reforma en México. Al contrastar los datos obtenidos del estudio del paisaje con las fuentes históricas, se desvelan elementos que de otro modo quedarían ocultos, como rutas alternativas, posiciones defensivas y movimientos tácticos que no están reflejados en los documentos de la época. Esta metodología no solo mejora nuestra comprensión de la Batalla de Ahualulco, sino que también establece un marco de referencia para futuros estudios sobre conflictos históricos, destacando la necesidad de considerar el paisaje como un actor clave en la reconstrucción de los eventos del pasado.

La lectura que hemos ofrecido en este trabajo es un ejercicio de prospección del terreno, en el cual se ha realizado un análisis, si bien cuidadoso a partir de la información de fuentes documentales, no ha sido posible realizar un detenido trabajo de campo debido a las condiciones del lugar. Ahualulco, un poblado en el que a finales de septiembre de 1858 se libró uno de los hechos de armas decisivos para la Guerra de Reforma, sigue siendo un espacio en disputa en el que, si bien las armas no se blanden en nombre de la religión y fueros o la Constitución, la plaza es un espacio en disputa por los grupos del crimen organizado.

Este trabajo establece una base para futuras investigaciones sobre la Guerra de Reforma y otros conflictos históricos en México. Una de las líneas de investigación más prometedoras sería la realización de prospecciones arqueológicas más exhaustivas en el sitio de Ahualulco, enfocándose en la localización de vestigios como proyectiles, municiones o estructuras defensivas temporales. La aplicación de técnicas más avanzadas de análisis geofísico y SIG. Además, podrían centrarse en la comparación de otros campos de batalla de la Guerra de Reforma, para identificar patrones recurrentes en las estrategias militares, la influencia del paisaje y el uso de la artillería en distintos contextos geográficos.

Los resultados obtenidos en este estudio no solo apoyan a una mejor comprensión de la Batalla de Ahualulco, sino que también tienen implicaciones para el estudio de conflictos históricos en América Latina. La combinación de arqueología, análisis espacial y el análisis computacional de fuentes documentales ofrece una metodología robusta que puede ser aplicada a otros campos de batalla en la región. Esta permite desarrollar narrativas históricas más complejas y precisas, que no dependan únicamente de las versiones oficiales o sesgadas de los eventos.

El estudio demuestra que el paisaje no debe ser visto simplemente como un escenario estático, sino como un actor dinámico que influye directamente en las decisiones tácticas y estratégicas de los ejércitos. Esta perspectiva puede enriquecer la historiografía de los conflictos armados en México y contribuir a un entendimiento más profundo de cómo los factores geográficos condicionaron el curso de la historia militar.

NOTAS

1. Desde la teoría militar, se entiende por estrategia a la planificación general para alcanzar los fines de una guerra o campaña, y por táctica, las acciones concretas y disposiciones en el campo de batalla para lograr objetivos inmediatos (Del Cairo, 2011 y Landa, 2013).

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