Revista de Arqueología Histórica Argentina y Latinoamericana
Vol. 19, Núm. 1, enero - junio 2025. ISSN 2344-9918
Asociación de Arqueólogos Profesionales de la República Argentina
Artículo original

Viviendas rurales en la Serranía de El Alto-Ancasti (Catamarca, Argentina): origen y aspectos constructivos

Rural houses in the El Alto-Ancasti Mountains (Catamarca, Argentina): origins and construction features

Habitações rurais na Serra do Alto-Ancasti (Catamarca, Argentina): aspectos de origem e construção

Antonela Nagel
Instituto Regional de Estudios Socio-culturales (IRES - Catamarca) y Universidad Nacional de la Rioja (UNLaR)
Rodolfo Dante Cruz
Cátedra de Extensión Rural de la Facultad de Ciencias Agrarias. Universidad Nacional de Catamarca (UNCa)
Marcos Nicolás Quesada
Instituto Regional de Estudios Socio-culturales (IRES - Catamarca)-Universidad Nacional de Catamarca (UNCa) y Escuela de Arqueología
Cómo citar este artículo:
Nagel, Antonela, Dante Cruz, Rodolfo, Nicolás Quesada, Marcos (2025). Viviendas rurales en la serranía de el Alto-Ancasti (Catamarca, Argentina): origen y aspectos constructivos. Revista de Arqueología Histórica Argentina y Latinoamericana, 19(1), 56-77.
RESUMEN:
El presente artículo constituye un estudio de las características estéticas, arquitectónicas y constructivas de un conjunto de viviendas rurales localizadas cerca de la actual localidad de El Taco (Departamento Ancasti, Catamarca), en la cumbre de la serranía de El Alto-Ancasti. Dichas estructuras, conocidas también como “puestos”, surgen entre mediados y finales del siglo XIX y se encuentran en la actualidad en proceso de abandono. En este trabajo ahondamos en el origen de estas viviendas y su arquitectura. Para ello, recurrimos al análisis de fuentes documentales históricas, entrevistas antropológicas y al trabajo de campo arqueológico. La propuesta busca contribuir al entendimiento e historización de los diferentes paisajes culturales de la Sierra de El Alto-Ancasti.
Palabras clave:
arqueología del paisaje; paisajes culturales; técnicas constructivas; cambio cultural
ABSTRACT:
This article constitutes a study of the aesthetic, architectural and construction characteristics of a group of rural houses located near the present-day town of El Taco (Ancasti, Catamarca), at the top of the El Alto-Ancasti mountains. These structures, also known as “puestos”, emerged between the themed and late 19th century and are now in the process of abandonment. In this work we delve into the origins and constructive features of these rural houses. For this, methodologically, we resort to the analysis of historical documents, anthropological interviews and archaeological fieldwork. The proposal seeks to contribute to the understanding of the cultural landscapes of the El Alto-Ancasti mountains and their historical changes.
Keywords:
landscape archaeology; cultural landscapes; construction techniques; cultural change
RESUMO:
Este artigo constitui um estudo das características estéticas, arquitetônicas e construtivas de um conjunto de casas rurais localizadas próximo ao atual município de El Taco (Ancasti, Catamarca), no topo da serra El Alto-Ancasti. Estas estruturas, também conhecidas como “puestos”, surgiram entre meados e finais do século XIX e encontram-se atualmente em processo de abandono. Neste trabalho aprofundamos a origem dessas habitações rurais e suas características construtivas. Para isso, recorremos à análise de fontes documentais históricas, a entrevistas antropológicas e ao trabalho de campo arqueológico. A proposta busca contribuir para a compreensão e historicização das diferentes paisagens culturais da serra El Alto-Ancasti.
Palavras-chave:
arqueologia paisagística; paisagens culturais; técnicas de construção; mudança cultural
Recibido: 10 de julio de 2024
Aceptado: 4 de abril de 2025

INTRODUCCIÓN

La Sierra de El Alto-Ancasti, ubicada al este de la provincia de Catamarca (Argentina), exhibe en su cumbre un paisaje agrario que se caracteriza por la presencia de numerosas viviendas rurales, asociadas a pircados. Estos últimos son extensos muros de piedra que delimitan y sectorizan propiedades, a la vez que generan espacios cerrados para el manejo del ganado y las pasturas. Dichas estructuras, actualmente en proceso de abandono, acusan cierta contemporaneidad dadas las similitudes estéticas y estructurales que mantienen. Además, todas ellas se encuentran emplazadas en un mismo sector (al fondo de valles) y se vinculan económicamente a prácticas pecuarias.

Este trabajo parte del análisis de un conjunto de viviendas domésticas, localizadas en un área próxima a la localidad de El Taco, en la cumbre serrana (Figura 1), dentro de un ambiente de pastizales de altura. Nuestro objetivo es comprender el origen de estas viviendas que, de acuerdo a los habitantes locales, se remontaría al siglo XIX. Buscamos caracterizar estas construcciones, además de comprender los procesos sociales y económicos que llevaron a su emergencia; dando cuenta de su dinámica a través del tiempo.

Figura 1. Vista general de la sierra El Alto-Ancasti y la localidad de El Taco, (Catamarca, Argentina). Fuente: modificado de Quesada et al. (2012).
Figure 1. Overview of the El Alto-Ancasti mountain range and the town of El Taco (Catamarca, Argentina). Source: modified from Quesada et al. (2012).
Figura 1. Vista general de la sierra El Alto-Ancasti y la localidad de El Taco, (Catamarca, Argentina). Fuente: modificado de Quesada et al. (2012)

Partimos del análisis de las primeras ocupaciones hispanas en el área, ya que sostenemos que fue a partir de este proceso de apropiación del espacio, que se generaron nuevas formas de habitar y producir en la serranía. Basamos esta premisa en el conocimiento que poseemos respecto a las ocupaciones y sitios prehispánicos hallados en inmediaciones.

Los sitios prehispánicos localizados en el área de trabajo, asignables a los siglos VII y VIII d.C, se encuentran próximos a las viviendas rurales, aunque dispuestos en sectores elevados y aplanados de la geografía serrana. Estos asentamientos consisten en un conjunto de estructuras habitacionales rectangulares (Figura 2) cuyos muros de piedra, se caracterizan por poseer dos cuerpos. El sector inferior de los mismos, presenta una pared de doble hilera de hasta 1 metro de altitud realizada con grandes lajas de esquisto; las que una vez situadas se rellenaron en su interior con tierra. El cuerpo superior en cambio, presenta rocas de diverso tamaño dispuestas de modo horizontal. Las estructuras se vinculan a numerosas terrazas de cultivo, lo que indicaría el fuerte componente agrícola de las aldeas y una ocupación estable extendida en el tiempo (Quesada, 2017).

El marcado contraste entre las formas de ocupación prehispánicas y los puestos históricos documentados en sus inmediaciones, nos llevaron a problematizar el intervalo temporal existente entre ambas ocupaciones, mediante los escasos registros para la serranía. Resultando clave para recuperar y entender los procesos que llevaron a la configuración y emergencia de los puestos y pircados.

Figura 2. Estructuras habitacionales prehispánicas, sitio ET19. Fuente: Egea (2018).
Figure 2. Pre-hispanic housing structures, site ET19. Source: Egea (2018).
Figura 2. Estructuras habitacionales prehispánicas, sitio ET19. Fuente: Egea (2018)

Remitiéndonos a las primeras ocupaciones hispanas de la sierra, esto nos conduce al análisis de la figura de la estancia a través del tiempo, ya que esta categoría nos aparece en la documentación histórica como unidad residencial y productiva local, a partir de la concesión de las primeras mercedes de tierra1. Es importante mencionar que en este trabajo no focalizamos solamente en sus características estéticas y constructivas, puesto que nos interesa, además, indagar en su entorno productivo y en los procesos socioeconómicos que fueron transformándose a lo largo del tiempo, hasta generar los actuales puestos y pircados, objeto de este trabajo.

La investigación se afirma en una perspectiva microhistórica (Ginzburg 1976, 1989, 2010) centrada en los procesos locales a partir del análisis de las praxis sociales cotidianas (Bourdieu, 1994), ya que a través de ellas es posible visibilizar las transformaciones y continuidades culturales. Ahora, si bien desde esta perspectiva nos centraremos en eventos pequeños y situados, no dejamos de lado temporalidades más amplias puesto que, a partir de estas últimas, es posible observar procesos sociohistóricos generales que contienen a los sucesos locales. Observar el paisaje desde esta perspectiva implica dotarlo de dinamismo, considerándolo como el resultado de diversos procesos socioculturales en un continuum histórico inacabado.

En cuanto a la metodología que emplearemos, esta propuesta recurre al análisis crítico de documentación histórica junto a tareas en el campo y entrevistas antropológicas. Las actividades efectuadas se explican más adelante.

LAS VIVIENDAS SERRANAS DURANTE EL PERIODO COLONIAL. APORTES DESDE LA DOCUMENTACIÓN HISTÓRICA

Las fuentes históricas exhiben para este periodo un paisaje rural compuesto por diversas unidades residenciales que, dispersas en el entorno serrano, se concentran bajo la figura de la estancia. Sin embargo, ¿a qué nos referimos cuando hablamos de estancia? ¿Qué materialidades constituían estas unidades productivas? Desde la disciplina histórica, existen numerosos trabajos focalizados en la recuperación de las primeras estancias coloniales asentadas en el área (Larrouy y Soria, 1921; Guzmán, 1985; Bazán, 2006; Bazán et.al, 2014). Los estudios abordaron aspectos en relación a sus propietarios y los traspasos que hicieron de estas tierras a través de generaciones. Mientras que, otros temas de interés, como la apariencia de las viviendas, las actividades económicas/productivas o los diversos sujetos partícipes de las mismas (más allá de sus propietarios), quedaron relegados de las investigaciones.

Para el NOA, son escasos los estudios realizados sobre la vivienda rural colonial, por lo que contamos con pocas referencias respecto a este tipo de arquitectura. En La Rioja y Tucumán, se ha llevado, por ejemplo, una caracterización arquitectónica sobre la base de algunas estructuras que aún permanecen en pie. De acuerdo a los investigadores (Pastor, 2000; Martos López, 2013; Rolón 2013, 2014, Orecchia y Brizuela, 2018) estas construcciones se realizaron mediante el empleo de muros de tapial o de bloques de adobe que, en ocasiones, estaban dispuestos sobre lajas o piedras consolidadas con argamasa. Sus plantas rectangulares se dividían en secciones de acuerdo a su funcionalidad (habitación, cocina, almacén, etcétera) y el techo, a dos aguas o de una sola vertiente, utilizaba como viga central madera de algarrobo (Prosopis sp) sobre la cual apoyaban horcones transversales a modo de armazón o cumbrera. Por encima de esta estructura se colocaba el cañizo (carrizo o cubierta de cañas), que finalmente se recubría con una capa de barro protectora. Al frente de la habitación principal podía adosarse una galería dispuesta sobre horcones de madera. Similares características se presentan en viviendas de la segunda mitad del siglo XVIII en los Valles Calchaquíes.

En Santiago del Estero, por el contrario, encontramos modos constructivos completamente diferentes a los mencionados. Taboada (2016) por ejemplo, propone para al menos, desde el periodo prehispánico tardío, la existencia de una arquitectura similar a las actuales construcciones tradicionales rurales de barro y madera, con variaciones propias a su periodo histórico y tradiciones culturales. Para la autora, las inferencias arqueológicas, los relatos del periodo colonial y las observaciones actuales en los modos de habitar, indican que los pobladores de la llanura santiagueña habrían desarrollado una arquitectura (a la cual se denominó “a palo y pique”) en tierra con vegetales, conforme a las posibilidades que ofrece la región.

Las estructuras que componen las viviendas se caracterizan por su dispersión a lo largo del espacio. Cuentan con un área doméstica principal, cerrada, junto a otras estructuras menores, semicerradas, tales como la cocina, despensas o áreas al aire libre. En estas últimas se llevarían a cabo la mayor parte de las actividades. Un problema crucial que enfrentaban estas construcciones era su renuente deterioro producto del lavado de sus materiales, las crecientes de los ríos y la salinización de los suelos, obligando al reacondicionamiento periódico de sus estructuras y espacios. Es por ello que algunos de sus materiales constructivos se reutilizaron a través de generaciones, como ocurre con los postes de algarrobo (Taboada, 2016).

Para la serranía de El Alto-Ancasti, nuestro conocimiento respecto a la fisonomía de las primeras estancias coloniales asentadas en su cumbre proviene de la documentación histórica y se remonta a mediados del siglo XVII. Mediante protocolos notariales, sucesorios de algunos de sus pobladores y una serie de pleitos por los lindes y la posesión de la merced de Obca y de otras propiedades colindantes a ésta, como Anquincila, El Alumbre y La Corrida (localizadas en el área de trabajo) (AHC, Causa Civil. Exp. 198. Caja 5. 1747; Exp. 1976. Caja 35. 1777; Exp. 673. Caja 4. 1793; Exp. 667. Caja 16. 1793; Exp.7030. Caja 17. 1797), nos fue posible reconstruir de modo parcial el aspecto material de las estancias y el manejo productivo del espacio en torno a las mismas (Nagel, 2022).

En general, durante los siglos XVII y XVIII, las estancias serranas abarcaron enormes extensiones de tierra que fueron destinadas a la cría de ganado y a algunos cultivos2. Sus propietarios, miembros de la elite local, no residían permanentemente en estos espacios, puesto que poseían otras tierras y casas pobladas en diferentes cabeceras de la Gobernación del Tucumán. Esto les permitió contar con un acceso más plural y directo a diversos ambientes productivos, además de posibilitar el manejo integral de los recursos para su comercialización (Nagel, 2022)3. Es por ello que en las estancias se asentaron familias de peones y capataces, quienes estaban a cargo del cuidado de la propiedad, la producción agrícola y del manejo de los animales.

Los documentos históricos contienen algunas descripciones detalladas de su arquitectura, lo que nos permitió generar un paneo visual sobre el tipo de estructuras rurales prevalentes en el área durante este periodo. A continuación, transcribimos algunos casos: “…una casa de siete bs y media de largo, y sincode ancho su pared de adobes viejos y remendada su techumbre de peynadillo, labarazón de madera bruta todo viejo sin puerta con en corbo…” (AHC 1749. Caja 5. Exp. 205 2V. José Casuso. Estancia Obanta).

…la casa quese compone de ocho varas de largo, y quatro y una de ancho, poco maso menos; pared de adove madera rolliza, techo de paja con puerta de una mano de tablas con armellas de freno enbrasada y marco labrados… (AHC 1753. Caja 5. Exp. 229. 1V. Nicolás Díaz. Estancia Taco Punto)

…las casas desu bibienda quese conpone deunasala de diez baras de largo y quatro de ancho consutechumbre de cañas de peinadillo madera bruta la pared deadobe entero la puerta con su umbral llano y de tablas […] otro quarto que cae al poniente de seis baras de largo y cinco de ancho el techo de madera bruta y terrado de peinadillo puerta al moxinete de bastidor aforrado en cuero serraduras armellas…(AHC 1743. Caja 4. Exp. 173. 2R. Ana de Tapia. Estancia San Antonio Las Tunas).

… una casa de seis baras de largo y quatro de ancho sutechumbre de caña la madera bruta de debastidor y retaba de cuero la puerta… (AHC. 1743. Caja 4. Exp. 175. 2V. Luis Lobo. Estancia Anquinsila).

…la casa de adobesbuenos y su thechumbre de madera bruta y encañado algo maltratado con su corredor de tres horcones y su thechumbre de lo mesmo y su puerta de bastidor aforrado con cuero y su cerradura… (AHC. 1745. Caja 5. Exp. 192. 6V. Francisco de Varela. Estancia San Antonio).

La documentación histórica revela notables semejanzas entre las viviendas rurales de la serranía con aquellas anteriormente descriptas para igual periodo en La Rioja, Tucumán y los valles calchaquíes. En todos los casos analizados, dichas estructuras consistieron en habitaciones simples, de un cuerpo y planta rectangular o cuadrangular, elaboradas mediante materias primas locales de carácter perecedero. Sus paredes se realizaron con cueros o adobes, aunque en contadas ocasiones registramos en los documentos la mención del uso de piedras para la confección de los muros. La techumbre consistió en un armazón de maderas con caña o peinadillo, la cual se cubrió con paja atada. Ésta cubierta, podía extenderse hacia uno de los laterales de la vivienda, dando origen a un corredor que, montado sobre horcones de madera, comunicaba la estructura con el exterior. No se mencionan elementos adicionales tales como ventanas, aunque sí se describen puertas (cuando están presentes) con sus marcos, labradas en madera o forradas en cuero.

En el espacio productivo que rodea estas estancias, no hemos encontrado evidencias de inversiones materiales de envergadura. La documentación revisada sugiere que la presencia de ganado, especialmente bóvidos, era notable, pero estos eran mantenidos en un sistema de pastaje extensivo sin cercas que los contuvieran. Esta práctica facilitaba su mezcla con otros animales, así como su intromisión en terrenos adyacentes, pertenecientes a terceros.

Tampoco hemos hallado registros que indiquen el uso de demarcaciones continuas para establecer límites claros entre propiedades. Esta falta de delimitación podría reflejar un enfoque más flexible y menos estructurado en la gestión del espacio productivo, lo que podría haber contribuido a conflictos por la superposición de pastizales y recursos entre diferentes propietarios.

Los linderos eran definidos de forma imprecisa en relación a rasgos naturales, caminos o propiedades colindantes. Recién a finales del siglo XVIII constatamos la presencia material de algunos mojones circulares de piedra en los extremos de las propiedades4. Más allá de estos elementos espaciales, las prospecciones arqueológicas no nos permitieron recuperar otras materialidades vinculadas al periodo.

LOS PUESTOS DE EL TACO

Tal como mencionamos, en la cumbre de la serranía, hallamos un conjunto de viviendas rurales cuyas características arquitectónicas sugieren cierta contemporaneidad entre las mismas. Conocidas actualmente como puestos, estas construcciones se emplazan al fondo de valles y cercanas a cursos de agua de carácter estacional. Además, se encuentran lo suficientemente cercanas entre sí como para permitir el acceso entre ellas a lo largo de una jornada. Asociados a estas viviendas, encontramos extensos muros de piedra (pircados), que van circunscribiendo el espacio serrano mediante corrales y potrerillos. Todas estas estructuras, actualmente en decadencia, dan cuenta de la presencia de antiguos paisajes pecuarios.

Iniciamos esta investigación mediante el relevamiento de algunos puestos próximos a la Ruta Provincial N°2, cerca de la localidad de El Taco, en el departamento de Ancasti (Figura 3). Optamos por este sector, en cuanto presenta riqueza de vestigios de diferentes temporalidades (sitios prehispánicos, puestos, mojones). Los puestos trabajados corresponden a Oca, Flor Morada, Pantanillo, Las Tranquitas y Condorhuasi. También nos enfocamos en sus espacios productivos inmediatos, atendiendo a la trayectoria que cubren en el terreno los distintos pircados.

Para el abordaje de los pircados, metodológicamente efectuamos prospecciones pedestres siguiendo su trayectoria en el paisaje. Observamos sus aspectos constructivos, la presencia de reparaciones, el adosamiento de muros y posibles funcionalidades espaciales. Para las viviendas se realizó un relevamiento detallado de sus estructuras buscando determinar secuencias constructivas. Para ello, tomamos las dimensiones de cada recinto dando cuenta de sus características constructivas. Se consideraron los materiales empleados, estructuras más antiguas, adosamientos y refacciones. El diálogo con sus ocupantes fue crucial para determinar temporalidades y fases de edificación. Estos datos en conjunto permitieron elaborar la planimetría actual de cada uno de los puestos, incluyendo una reconstrucción aproximada e hipotética de las etapas constructivas de las viviendas.

El trabajo de campo se realizó junto al análisis crítico de fuentes documentales históricas localizadas en el Archivo Histórico de Catamarca (AHC). Los documentos considerados incluyeron protocolos notariales, sucesorios y mensuras. El trabajo con fuentes implicó, por un lado, localizar espacial y temporalmente las primeras mercedes de tierra (luego estancias) cedidas en el área de trabajo. Esto nos llevó a la estancia de Obca y sus colindantes Anquincila, El Alumbre y La Corrida.

Seguimos a través de los documentos el derrotero de estas propiedades con el fin de generar una narrativa continua que nos permita comprender las transformaciones en el espacio, la materialidad de las estancias, sujetos involucrados y espacios productivos, hasta la emergencia de los puestos y pircados. La recuperación en la memoria de los pobladores actuales de etnónimos, el manejo del espacio y nombres de antiguos propietarios, también fue un valioso recurso para ajustar y complementar la información histórica obtenida en el archivo con la tradición oral.

Figura 3. Puestos localizados en el área de trabajo. Fuente: Google Earth (2025).
Figure 3. Puestos located in the work area. Source: Google Earth (2005).
Figura 3. Puestos localizados en el área de trabajo. Fuente: Google Earth (2025)

El conjunto total de viviendas analizadas muestra algunos puntos en común en cuanto a las elecciones constructivas realizadas y las materias primas empleadas, sobre los cuales nos explayaremos a continuación. En general, se observa la presencia de una estructura original, más antigua, sobre la cual fueron anexándose nuevas dependencias a través del tiempo. Las estructuras más viejas se confeccionaron enteramente con materias primas locales, adquiriendo formas simples y rectangulares.

Los muros, de doble paño, consisten en una sólida base de entre 0.90 a 1.50 metros de altura, confeccionada mediante esquistos y lajas unidas con argamasa de barro (Figura 4a). Esta base, cuyas piedras fueron cuidadosamente colocadas para generar caras más planas en su exterior e interior, resguardaba las paredes evitando su deterioro por la humedad. Por encima, el muro continuó mediante el empleo de adobes colocados a tizón y unidos también con argamasa de barro. En las esquinas de los muros, las hileras de adobes se colocaron orientadas de modo intercalado, por lo que algunos unieron dos lienzos de la pared.

En el exterior y/o interior de algunas de las paredes, observamos la presencia de revoque de mortero de barro, el cual también podía llevar cal, confiriendo a las estructuras una coloración marrón rojiza o blanquecina, respectivamente (Figura 4b). Cabe destacar que las habitaciones no contaban con ventanas, teniendo una única puerta de acceso hacia su interior. Las ventanas que actualmente se encuentran presentes se tratan más bien de agregados recientes.

Figura 4. a) Vista lateral al puesto de Oca. Se observa su muro de adobes sobre una base de lajas y esquistos. b) Vista frontal al puesto de Pantanillo. Se observan sus muros revestidos en mortero de barro y cal y su base de lajas y esquistos. Fotografía de autora (2017).
Figure 4. a) Side view of an Oca construction. Notice the adobe wall on top of a flagstone and shale base. b) Front view of a Pantanillo construction. Its walls are covered in mud and lime mortar and its base of slabs and shale. Source: Author Photography (2017).
Figura 4. a) Vista lateral al puesto de Oca. Se observa su muro de adobes sobre una base de lajas y esquistos. b) Vista frontal al puesto de Pantanillo. Se observan sus muros revestidos en mortero de barro y cal y su base de lajas y esquistos. Fotografía de autora (2017)

El techo de las estructuras consiste en un armazón de vigas de madera a dos aguas o a un agua (en menor medida). Sobre este armazón se dispone una cubierta de peinadillo o cañizo, amarrada con tientos de cuero. La viga cumbrera y las vigas laterales o costaneras de la estructura descansan sobre los muros de adobe, sujetándose mediante una mezcla de mortero de barro.

Sobre la estructura de madera, se dispone una capa de cañas perpendicular a la pendiente del techo, la cual se recubre con paja atada. En la actualidad, es común observar láminas de chapa de zinc por sobre la cubierta vegetal para asegurar una mejor preservación de la techumbre. Incluso, en algunas viviendas solo se observa chapa de zinc, pudiendo descansar sobre una estructura interna de machimbres5.

Todas estas viviendas presentan adosado frente al ingreso un corredor que comunica el interior con un patio exterior. Este pasillo ofrecía protección a la vivienda de las inclemencias del tiempo y reparo a sus ocupantes para la realización de diferentes actividades cotidianas a la luz del día.

El corredor consiste en un conjunto de horcones de madera empotrados en el suelo que sostienen directamente las vigas costaneras de la techumbre principal, que en este sector se han prolongado hacia dicho lateral. En algunas de estas galerías, los horcones fueron reemplazados con mampuestos de material dispuestos sobre una base de esquistos y lajas unidas con argamasa de barro, o bien, se generaron espacios más íntimos, completamente cerrados (Figura 5).

Figura 5. Galería completamente cerrada en el puesto de Condorhuasi. Fotografía de autora (2017).
Figure 5. Completely enclosed gallery in Condorhuasi rural hause. Source: Author Photography (2017).
Figura 5. Galería completamente cerrada en el puesto de Condorhuasi. Fotografía de autora (2017)

Los corredores confeccionados con mampostería, presentan en sus muros revoque de mortero de barro y cal y hornacinas interiores en algunos de sus laterales. En dichas hornacinas se ubicaron lámparas de kerosene para alumbrar el ingreso a la vivienda (Figura 6). El piso de las galerías es de tierra apisonada y sus rebordes exteriores se encuentran marcados mediante zócalos de piedra. En los corredores que fueron cerrados o realizados en mampuestos, por el contrario, se presenta una capa de cemento, la cual se extiende al resto de las habitaciones.

Figura 6. Galería techada en el puesto de Pantanillo. Se observa la cubierta de peinadillo amarrada a las vigas de madera y de hornacinas en uno de los muros laterales. Fotografía de autora (2017).
Figure 6. Covered gallery in Pantanillo. You can see the peinadillo roof tied to the wooden beams and niches on one of the side walls. Source: Author Photography (2017).
Figura 6. Galería techada en el puesto de Pantanillo. Se observa la cubierta de peinadillo amarrada a las vigas de madera y de hornacinas en uno de los muros laterales. Fotografía de autora (2017)

Hasta aquí hemos realizado una descripción general sobre las características estéticas y constructivas de cada uno de los puestos analizados. Como puede observarse, mantienen similitudes con las descripciones recuperadas para momentos coloniales. Es por ello que, nuevamente destacamos, que su origen debe discutirse a partir de estas ocupaciones. La similitud que mantienen los diferentes puestos nos habla de la contemporaneidad del conjunto. Esto se advierte en sus estructuras más antiguas realizadas con materias primas locales. Mientras que es el uso6 ecléctico de otros materiales constructivos en refacciones y ampliaciones más recientes (Figura 7) quien ha impregnado de cierta diversidad estética al conjunto.

Figura 7. Habitaciones construidas con materiales modernos anexas a la estructura primaria de Pantanillo. Fotografía de la autora (2017).
Figure 7. Rooms built with modern materials attached to the primary structure of Pantanillo. Source: Author Photography (2017).
Figura 7. Habitaciones construidas con materiales modernos anexas a la estructura primaria de Pantanillo. Fotografía de la autora (2017)

Las secuencias constructivas que fuimos definiendo denotan en todas ellas la persistencia y el mantenimiento de las estructuras originales las cuales continúan siendo funcionales en la actualidad. Esto se debe a que, cuando las familias requerían de nuevos espacios habitacionales, optaron por construir nuevas habitaciones anexas o en inmediaciones a las estructuras más antiguas. Así, el conjunto pudo expandirse en torno a un patio central (Figura 8) o se generó un continuum de estructuras abigarradas de diverso aspecto. Las viejas habitaciones lograron persistir adaptándose por generaciones a las necesidades funcionales de sus ocupantes.



Figura 8. Planimetría del puesto de Oca. Se observa la disposición del conjunto en torno a un patio central. Se destaca en rojo, la estructura más antigua del conjunto.
Figure 8. Planimetry of Oca. The layout of the complex can be seen around a central patio. The oldest structure in the complex stands out in red.
Figura 8. Planimetría del puesto de Oca. Se observa la disposición del conjunto en torno a un patio central. Se destaca en rojo, la estructura más antigua del conjunto

De acuerdo a las conversaciones mantenidas con los pobladores locales, estas viviendas habrían emergido a finales del siglo XIX, siendo ocupadas por distintas familias de capataces y/o peones rurales o sus propietarios. Los documentos históricos, por el contrario, nos retrotraen hasta principios y mediados del siglo XIX, cuando sus nombres comienzan a aparecer en el paisaje, en calidad de estancias (AHC, Causa Civil. Exp.3013. Caja s/d. 1874, Exp. 11194. Caja 317. 1922). Temporalmente, la presencia de las viviendas coincide con un proceso de cambio socioeconómico, iniciado en la sierra a finales del siglo XVIII, que implicó la fragmentación de las grandes mercedes de tierra o estancias coloniales en unidades productivas de menor tamaño.

El acceso a la tierra para nuevos sectores sociales trajo a colación una gruesa transformación espacial, promoviendo nuevas formas de relación con el entorno. A medida que se establecieron residencias permanentes en estas áreas se consolidó esta nueva conexión. Este proceso dio origen a nuevas materialidades, siendo los puestos un testimonio fundamental de la creciente necesidad de perdurabilidad, estabilidad y permanencia en la vida cotidiana. A diferencia de periodos anteriores, donde predominaban estructuras más efímeras o temporales, la construcción de estos puestos refleja un cambio significativo en la forma en que las comunidades van consolidando vínculos sociales y económicos en la región.

Las nuevas propiedades, localizadas en los documentos históricos (a partir de la fragmentación de las grandes mercedes coloniales) llevan los nombres de los puestos relevados en el presente, e incluso en las descripciones de sus características constructivas se observan semejanzas con las estructuras más antiguas de estos conjuntos, aunque también con ciertos rasgos que persisten desde momentos coloniales. Indicando una larga continuidad en los modos constructivos locales. La propiedad de La Chacra, de Lorenzo Tapia, obtenida por compra en 1838 tras la escisión de Obca7, es claro ejemplo de esto.

De acuerdo al sucesorio de Tapia, con fecha de 1874, la estancia La Chacra, contaba con habitaciones cuadrangulares en cuyas paredes de adobe se calzaba una estructura de tirantes de madera rolliza o labrada, sobre la cual reposaba un techo a dos aguas o al mojinete, de paja atada. En ocasiones, algunas de estas estructuras estaban adosadas a un corredor que comunicaba a un patio exterior. Dicha galería estaba realizada mediante horcones de madera empotrados en el suelo con su techo de paja. Por último, separadas de las habitaciones principales, se encontraban la cocina y otras dependencias, como galpones. En total, componían el casco de la estancia al menos tres cuartos separados construidos mediante la técnica descripta, además de una cocina y dos galpones con pirgua para el almacenaje. (AHC, Causa Civil. Exp.3013. Caja s/d. 1874. 13V, 14 R/V).

Siguiendo el documento, observamos también que, a partir de este momento, se originan las demás estancias de Oca, La Aguadita y Las Tranquitas. Todas ellas, propiedades heredadas por sus hijos, producto de la escisión de La Chacra. Por lo que efectivamente, los nombres de los puestos estarían presentes en el paisaje desde al menos mediados del siglo XIX. De allí nuestra asignación cronológica de esta tipología arquitectónica a tal momento, aunque como fuimos relatando las raíces temporales de esos lugares son más profundas, producto de la instalación de la colonización a través del otorgamiento de mercedes de tierra y de la dinámica de nuevos modos de acceso a la tierra y de habitar los espacios serranos.

Los nuevos vínculos y modos de habitar la sierra, también se harán visibles mediante los pircados que emergen con pretensión de perdurabilidad junto a los puestos, a finales del siglo XIX, según nos indica la documentación histórica (AHC, Causa Civil. Exp.3013. Caja s/d. 1874, Exp. 11194. Caja 317. 1922). Dichas construcciones delimitaron las propiedades, circunscribieron el espacio y generaron nuevas relaciones económicas productivas con el entorno de acuerdo al manejo del ganado y las pasturas.

Estos muros (Figura 9), construidos en su totalidad de piedras (en ocasiones canteadas), tienen un espesor promedio de 0.40 metros y alcanzan una altura de hasta 1.50 metros en los sectores mejor conservados. Su base frecuentemente presenta bloques rocosos de gran tamaño o bien, se dispone sobre afloramientos rocosos, aportándoles mayor firmeza. Sus paredes consisten en dos paños construidos mediante traba simple y sin argamasa, que en ocasiones contiene un relleno de cascajos. Ambos lienzos presentan piedras cuidadosamente colocadas generando caras planas al exterior.

Figura 9. Pircados cerca al puesto de Oca. Se observan sus fuertes bases. Fotografía de la autora (2017).
Figure 9. Pircados near to Oca. Its strong bases are observed. Author photography (2017).
Figura 9. Pircados cerca al puesto de Oca. Se observan sus fuertes bases. Fotografía de la autora (2017)

Las pircas también han demostrado secuencias constructivas por sus adosamientos. Por tanto, más que responder a un único evento constructivo, las mismas han involucrado un crecimiento progresivo en relación a las necesidades productivas de sus ocupantes. Los pircados fueron utilizados para el encierro y el manejo de la hacienda y para el resguardo de las pasturas; pero también, para los propios cultivos y de los animales, cuando los pastos escaseaban en la cumbre durante el periodo estival. Por lo tanto, a medida que se requerían nuevos espacios productivos, se generaban nuevos pircados.

Sin embargo, estas estructuras, no fueron solamente pensadas para el manejo productivo del espacio. Conforme fueron seccionadas las superficies de las grandes mercedes de tierra coloniales, el aumento de unidades productivas de menor tamaño, como los puestos descritos, reveló un aumento en los conflictos por los lindes entre las propiedades. Esto se debía en parte, al acceso precario a las tierras que permanecían en carácter indiviso, junto a otras cuyos dueños contaban con los títulos de propiedad y sus lindes saneados. Los pircados fueron de este modo, oportunos para delimitar las propiedades, además del cuidado de las pasturas y evitar, al mismo tiempo, que el ganado se disperse hacia otros campos.

Cabe destacar que, con el aumento de estas pequeñas explotaciones, no todo el manejo productivo del espacio estuvo ligado a la propiedad privada de la tierra y a los propietarios como forma de tenencia dominante. De acuerdo a fuentes documentales y al relato actual de sus pobladores, localizamos sectores que fueron aprovechados mancomunadamente por diversos vecinos (AHC, Causa Civil. Exp.3013. Caja s/d. 1874, Exp. 11194. Caja 317. 1922)

Estos campos, sin pircados, se ubicaban en ambientes productivos más favorables, puesto que durante el invierno las pasturas escasean en la cumbre serrana. Esto llevó a la necesidad de implementar un manejo rotativo del ganado, así como el cultivo de rastrojos en sectores más bajos, cercanos a las viviendas.

La adquisición de derechos de uso sobre estos espacios permitió que los mismos sean utilizados por diversos propietarios, sin que estos ostenten el dominio absoluto de las tierras, ni siquiera sobre la porción que usufructuaban. En muchas ocasiones, las familias alternaron el usufructo de sus tierras privadas con el acceso a distintos campos comuneros, ubicados en diversos ambientes productivos de la sierra. Esta estrategia de uso y ocupación del suelo les permitió acceder a una mayor variedad de recursos para el mantenimiento de los animales. Esto representa una práctica a la que se sigue recurriendo, aunque en la actualidad también exista una mayor tendencia al cerramiento de campos en propiedad privada (Nagel, 2022)

Al igual que los puestos, los pircados fueron pensados y construidos para mantenerse y permanecer a través del tiempo. La fuerte inversión económica y de trabajo que demandaron, llevaron a que periódicamente fueran reparados. Las escorrentías estivales, los animales o la pendiente del suelo contribuían a derrumbar sectores de muros en algunos de sus tramos. En la actualidad, quedan algunos pirquineros, trabajadores especializados que llevan a cabo el oficio de la construcción de los pircados. Sin embargo, los pobladores han comenzado en los últimos años a optar por el alambrado, el cual es una alternativa más económica y de rápida disposición. Es por ello que los nuevos corrales, potrerillos y reparaciones se realizan con este nuevo material, no obstante, en algunos casos, hay pobladores que todavía recurren a mantener viva la práctica de construcción en piedra.

DISCUSIÓN Y CONSIDERACIONES FINALES

A partir del abordaje conjunto entre fuentes documentales históricas, entrevistas a los actuales habitantes rurales de El Taco y el trabajo de campo arqueológico, fuimos desentrañando a través de la continuidad histórica, el origen de los actuales puestos y pircados localizados en la cumbre serrana. Nuestro objetivo era no solo comprender el origen de este paisaje, sino, además, poder dar cuenta de sus materialidades: el aspecto de estas viviendas rurales y sus espacios productivos inmediatos.

Iniciamos este recorrido tomando como eje de análisis a la estancia serrana, ya que, desde las fuentes históricas, responde a las primeras células de ocupación y producción generadas en la cumbre, a partir de la conquista hispana y la cesión de las primeras mercedes de tierra en el área. Optamos por iniciar nuestro recorrido en este periodo cronológico, dadas las diferencias existentes entre los modos de habitar el espacio para tiempos prehispánicos y las características observadas en los puestos históricos. Poder abordar periodos intermedios entre ambas ocupaciones, resultaría clave para comprender los procesos sociohistóricos que configuraron el paisaje de puestos y pircados.

La documentación histórica permitió recuperar descripciones materiales sobre el aspecto de las estancias coloniales (cuya fisonomía desconocíamos) y su espacio productivo inmediato, mostrándonos similitudes constructivas con viviendas rurales de igual periodo en La Rioja, Tucumán y los valles calchaquíes. En general, se trata de viviendas de carácter precario dentro de un espacio de enorme extensión, con escasas inversiones materiales para la producción (límites difusos entre propiedades, ausencia de corrales u otras estructuras productivas).

El corpus documental abordado, permitió en este caso, a partir de diversos sucesorios y litigios por la propiedad y los lindes de la merced de Obca, Anquincila, La Corrida y El Alumbre (localizadas en el lugar de trabajo) desentrañar el proceso de ocupación del área y la conformación de los distintos paisajes serranos a través del tiempo. Al respecto, según el relato de los pobladores actuales, los puestos habrían surgido a finales del siglo XIX. Sin embargo, hemos podido determinar que es entre principio y mediados de dicho siglo cuando sus nombres comienzan a manifestarse en el espacio tras la fragmentación de las grandes estancias coloniales y el acceso de las tierras por parte de nuevos sectores sociales.

A partir de los sucesorios de Lorenzo Tapia y Rosario Vergara, propietarios de las estancias de La Chacra y Flor Morada (cuyas estructuras aún perduran en el paisaje) obtenidas mediante compra entre mediados y finales del siglo XIX, se obtuvieron descripciones del aspecto de estas viviendas para finales de dicho siglo. La documentación, también permitió recuperar el nombre de los restantes puestos abordados, dentro de hijuelas cedidas a sus heredades.

Esto posiciona, no sólo el origen de los puestos en este periodo, sino que nos muestra cómo a medida que nos adentramos al siglo XX, se vuelve más notoria la fragmentación del espacio bajo el establecimiento de pequeñas células productivas. Las nuevas unidades económicas, de escala doméstica, trajeron cambios en los modos de habitar la sierra, incluyendo vínculos más profundos y persistentes con el entorno productivo. Asimismo, incorporaron nuevas materialidades como los pircados, que reflejan una clara pretensión de permanencia en el espacio.

Las descripciones de las estructuras habitacionales de La Chacra, Flor Morada, Condorhuasi o Las Aguaditas para finales del siglo XIX y principios del siglo XX; muestran en conjunto características estéticas y constructivas similares. Estas estructuras nos recuerdan a las habitaciones más antiguas documentadas para los puestos homónimos que aún se mantienen en pie. Lo que nos lleva a ubicarlas cronológicamente en este periodo. En todos los casos se trata de estructuras simples y cuadrangulares confeccionadas mediante materias primas locales, de paredes de ladrillos de adobe, techo de paja y con presencia de corredor.

A diferencia de las viviendas coloniales (cuyas peculiaridades observamos a través de la documentación histórica) se destacan mayores pretensiones de perdurabilidad, dada la necesidad de las familias de establecer vínculos a largo plazo con el entorno. La solidez de estas viviendas les facilitó erigirse como materialidad ejemplar en el paisaje agrario, siendo incluso funcionales en la actualidad.

Generaciones de familias entre mediados del siglo XIX a la actualidad habitaron y habitan estas estructuras, las que persisten en pie, aún ante el requerimiento de nuevos espacios habitacionales. En general, a lo largo del tiempo, las nuevas dependencias que se demandaban se anexaron a éstas o se dispusieron en inmediaciones. Las nuevas habitaciones se realizaron con materias primas diversas, aportando variabilidad a los conjuntos. No obstante, fueron las viejas estructuras originales las que permitieron darnos cuenta de su contemporaneidad.

Los pircados aparecen también como elementos persistentes en la geografía serrana. Construidos enteramente de piedras, se vinculan con las viviendas y el manejo productivo del espacio. Su presencia transformó los ritmos de circulación del ganado, generando espacios cerrados tales como campos y corrales. Esto permitió un manejo más eficiente de los animales, así como el resguardo de las pasturas y los cultivos cuando escaseaban en épocas invernales. Asimismo, y ante los recurrentes conflictos por los lindes de las propiedades (dado el aumento de pequeñas células productivas), el pircado fue utilizado para demarcar los límites de tierras, en particular, de vecinos con títulos de propiedad saneados de aquellos que ocupaban tierras indivisas.

De acuerdo a nuestras observaciones, es posible reconocer que la construcción de los pircados requirió de una considerable inversión económica en materiales y herramientas, además de un gran esfuerzo humano, ya que se necesita la participación de muchas personas para recolectar y transportar los materiales, así como para realizar la obra. Además, este proceso habría demandado un tiempo significativo, ya que cada etapa de la construcción puede llevar semanas o meses, reflejando la magnitud de estas estructuras. Es por ello que, periódicamente, eran reparados cuando las fuertes escorrentías estivales, los animales o la pendiente pronunciada del terreno derrumbaba parte de sus paredes. En la actualidad, estas prácticas han comenzado a abandonarse tras la irrupción del alambrado como alternativa más económica y de rápida disposición. Sin embargo, y al igual que las viejas estructuras de las viviendas, las pircas permanecen en pie junto a los nuevos tramos de alambrado que suplen sus muros caídos.

NOTAS

1 En 1623 el Capitán Joan Gregorio Bazán de Pedraza realiza un pedido para la obtención de una merced de tierras en la serranía de Ancasti (en el sector donde llevamos a cabo esta investigación) El terreno es solicitado para el establecimiento de una estancia, alegando en tanto se encuentra yermo y despoblado “...el susodicho pretende poblar una estancia de ganados mayores y menores y facer sementeras y al presente ay muchas tierras baldias yermas y despobladas en la jurisdicion de esta ciudad y en particular en el alto dela questa...” (AHC, Causa civil. Exp.673. caja 4. 1793. f 1R/1V).

2 Se menciona el requerimiento de estas tierras para generar estancias destinadas a la cría de ganado y cementeras. Si bien no pudimos determinar fehacientemente qué tipo de cultivos se desarrollaron en la cumbre; sabemos que, en referencia a los animales estuvieron presentes los yeguarizos, asnales, mulares, vacunos, caprinos y ovejunos.

3 En los casos analizados, los propietarios no solo contaban con tierras de estancia en la cumbre de la serranía, sino también con chacras en el valle de Catamarca, La Rioja y Santiago del Estero (Nagel 2022).

4 Si bien fueron registrados en el paisaje para este periodo, se menciona en la documentación histórica su uso, con anterioridad, hacia finales de siglo XVII.

5 Técnica de ensamblaje de tablas de madera.

6 Se puede ver claramente el empleo de ladrillos cocidos, bloques de cemento, láminas de chapas de zinc y madera, entre otros.

7 Obca fue una merced de tierras cedida en 1623 al Capitán Bazán de Pedraza. La familia mantuvo la propiedad por generaciones hasta finales del siglo XVIII; momento en que ésta comienza a fragmentarse entre sus herederos y a ser adquirida por nuevos propietarios.

AGRADECIMIENTOS

Este trabajo fue posible gracias al financiamiento de una Beca Doctoral por parte del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET). Se agradece también al Instituto Regional de Estudios Socioculturales (IRES, CONICET/CATAMARCA) donde se llevó a cabo el procesamiento de datos para esta investigación.

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