En este trabajo exponemos los primeros resultados obtenidos de la investigación histórica y arqueológica del sitio Fuerte Cruz de Guerra, centrada en el análisis de los rasgos edilicios y la dinámica social al interior del establecimiento. Este asentamiento militar de frontera se construyó en 1828, siguiendo el diseño del ingeniero Narciso Parchappe, y se emplazó al sur de la laguna homónima en el Partido de 25 de Mayo, Provincia de Buenos Aires. Fue ocupado entre 1828 y 1859, año en el que una partida de indígenas quemó las instalaciones. La identificación del sitio arqueológico se llevó a cabo a partir del estudio de diversas fuentes documentales, imágenes satelitales y una muestra de materiales hallados durante un relevamiento preliminar de la zona. A partir de estos datos, describimos las características generales del sitio y su entorno, realizamos una adscripción espacial y temporal aproximada de los restos y planteamos los lineamientos metodológicos para futuros trabajos en el fuerte.
In this work, the first results of the historical and archaeological research of the Fuerte Cruz de Guerra site, centered in the analysis of the architectural features and the social dynamics within it, are presented. This frontier military settlement was built in 1828 following a design of Engineer Narciso Parchappe, and it was located south of the homonymous lagoon, at the 25 de Mayo department, Province of Buenos Aires. It was inhabited between 1828 and 1859, until a Pampas Indians attack burnt down the settlement. The identification of the archaeological site relied on the study of diverse historical sources, satellite images, and a sample of materials found during a preliminary survey of the area. Based on this data, it was possible to describe the characteristics of the site and its surrounding area, perform an initial temporal and spatial assessment of the remains, and propose the methodological linings for future works at the fortification.
Neste artigo apresentamos os primeiros resultados da pesquisa histórica e arqueológica do local Fuerte Cruz de Guerra, focado na análise de edilicios características e dinâmicas sociais dentro do estabelecimento. Este assentamento de fronteira militar foi construído em 1828, seguindo o engenheiro de design de Narciso Parchappe, e foi localizado ao sul da lagoa homônima no partido de 25 de Mayo, Província de Buenos Aires. Foi ocupada entre 1828 e 1859, ano em que um grupo de índios queimaram as instalações. A identificação do sítio arqueológico foi realizado a partir do estudo de várias fontes documentais, imagens de satélite e uma amostra encontrado durante um levantamento preliminar dos materiais da área. A partir destes dados, descrevemos as características gerais do site e seus arredores, foi realizada uma missão espacial e temporal aproximado dos restos e propor as orientações metodológicas para o trabalho futuro no forte.
En este trabajo presentamos los primeros resultados obtenidos de la investigación histórica y arqueológica llevada a cabo en el sitio Fuerte Cruz de Guerra (también denominado 25 de Mayo) situado en el Partido de 25 de Mayo, Provincia de Buenos Aires. Esta investigación se enmarca dentro un proyecto cuyos objetivos están centrados en el estudio de las diversas situaciones de conflicto que se suscitaron a lo largo del siglo XIX en una franja del espacio de frontera con el indio delimitada por los actuales Partidos de 25 de Mayo y Bolívar.
La expresión material de este estado de conflicto estuvo configurada por la presencia de fuertes y fortines de frontera. La “línea” fronteriza estuvo señalizada por estos asentamientos a lo largo del siglo XIX en la Provincia de Buenos Aires. Estos establecimientos se erigieron como puntos estratégicos para el control del espacio de frontera y a su vez ―tal es el caso del Cruz de Guerra― como centros logísticos militares. El conflicto de frontera tuvo varios actores principales: militares, grupos indígenas y, en medio de estos, habitantes civiles de esos espacios fronterizos. A su vez, esta situación de conflicto se materializó en pugnas que llevaron al enfrentamiento bélico entre parcialidades étnicas antagónicas, así como al interior de los diferentes grupos étnicos y/o político-sociales. En los más de 30 años en la frontera con el indio, el Fuerte Cruz de Guerra fue testigo de este tipo de situaciones.
Durante el siglo XIX, el espacio de frontera con el indio fue un escenario de vital importancia política para aquellos que tuvieron a cargo los puestos de decisión en el gobierno de la Provincia de Buenos Aires.
La frontera no fluctuó en gran medida desde fines del siglo XVIII hasta las primeras tres décadas del siglo XIX, aproximadamente (Walther 1976). Las políticas aplicadas por parte del gobierno fueron de control, fortalecimiento y manutención del espacio fronterizo con el objetivo primordial de asegurar el desarrollo económico de los actores que habitaron esos espacios. Para esto, se llevó a cabo la edificación de diferentes asentamientos militares de frontera: fuertes, fortines y cantones, entre los principales (Gómez Romero y Spota 2006). Los fuertes establecidos en esta etapa se construyeron siguiendo una línea arquitectónica llamada “española”, que estaba caracterizada por una forma en estrella con baluartes en sus vértices, fosos perimetrales y una sola entrada con puente levadizo (Salminci et al. 2016). A su vez, esta estrategia adoptó similar denominación, dados los avances sucesivos por medio del establecimiento de asentamientos fortificados en cuyo abrigo, en derredor o a retaguardia, se establecían pobladores en los momentos de peligro (Grau 1949).
Al momento de la construcción del fuerte, el poder político recaía en las manos del gobernador Manuel Dorrego, quien estuvo a su frente desde 1827 hasta su fusilamiento en Navarro, Buenos Aires, a fines del año 1828. En el interior de esta provincia, el poder federal se visualizaba en la figura de Juan Manuel De Rosas, un hacendado renombrado y con gran llegada a los habitantes de la campaña, es decir, los habitantes del interior de Buenos Aires. El ambiente político se encontraba en un conflicto latente, dado principalmente por los acuerdos de paz y el fin de la Guerra con el Brasil (1825-1828), que trajo aparejado la asunción de Dorrego como gobernador y la oposición unitaria. Es decir, el conflicto se centraba antes en el orden político interno que en los espacios de frontera con el indio.
Pese a lo anterior, el tema de la frontera siempre estuvo presente. La actividad económica en el interior de la provincia se volcó a la producción de carne salada, principalmente para su importación. Los saladeros adquirieron vital importancia para el desarrollo económico, y ello requería que los espacios fronterizos estuvieran controlados frente al peligro que suponía la incursión de los malones (Gibert 1961). Pero no sólo se trató de asegurar los establecimientos de hacendados y sus animales, sino también los caminos que se trazaban en el interior de la provincia y más allá de la frontera (e.g. el Camino a Salinas Grande o Camino de los Chilenos). La fundación en 1828 de los fuertes Cruz de Guerra y Fortaleza Argentina son manifestaciones de este creciente interés por fortalecer y asegurar el territorio bonaerense.
El Fuerte de Cruz de Guerra se fundó en enero de 1828, cuando el ingeniero francés Narciso Parchappe comenzó la planificación en el propio terreno. Sin embargo, la idea y la proyección se habían formalizado unos años antes. Ya en 1826 un decreto de Bernadino Rivadavia había dispuesto la realización de tres nuevos fuertes, que debían ubicarse: “el primero en la laguna Curalauquen, el segundo en la de la Cruz de Guerra y el tercero en la del Potroso” (Grau 1949:49). En 1827, durante la gobernación de Dorrego, se modificó el proyecto debido a la construcción en Bahía Blanca de un fuerte llamado Fortaleza Argentina. No obstante, la realización de dicho proyecto fue llevada a cabo por Juan Manuel de Rosas, que formó parte de una comisión encargada de los asuntos de frontera desde 1825; esta comisión estaba integrada además por un ingeniero y un militar (Grau 1949). Según Pedro de Angelis, en su Diario de la Comisión nombrada para establecer la nueva línea de frontera (1836), Rosas no fue un mero integrante más de esta comisión. Su personalidad y ascendencia en los espacios de la campaña lo erigieron como aquella figura encargada de todas las decisiones gubernamentales que tenían relación con la frontera. El comandante General de Campaña o comisionado (así era como se lo llamaba) decidió, en el caso del Fuerte Cruz de Guerra, el sitio donde se debía establecer y la manera de financiar la ejecución de la obra. Para tal efecto, Rosas dispuso que varias de las poblaciones de la Provincia de Buenos Aires contribuyeran financieramente y con materiales (Grau 1949). Sin embargo, las labores edilicias fueron delegadas al sargento mayor Julián Pedriel, quien el 9 de enero de 1828 comenzó los trabajos (Parchappe 1977). La mano de obra involucrada en la construcción del fuerte estuvo a cargo de blandengues, milicias, prisioneros brasileros (de la referida guerra) y de la sección de frontera (Grau 1949).
El lugar para el emplazamiento del fuerte fue elegido no sólo por su posicionamiento estratégico (punto de confluencia del camino a Junín o Federación y el camino a la Fortaleza Protectora Argentina) sino también por tener un recurso vital como el agua de la laguna. A su vez, su ubicación permitió controlar las vías de comunicación (camino a Salinas Grande o camino de los Chilenos) y principalmente el acceso y comercio con el puerto de Bahía Blanca (Grau 1949).
El fuerte se mantuvo en funcionamiento a lo largo de más de 30 años, y aunque su rol varió según la coyuntura política nacional, su peso estratégico al interior de la organización de la frontera siempre fue destacado. Un ejemplo de esto fue la participación de algunos hombres que se alojaron en sus instalaciones durante la llamada “expedición de Rosas al desierto” en el año 1833. El fuerte también tuvo el rol de intermediario en la provisión de los “indios amigos”, quienes a cambio de lealtad y ayuda a la expedición recibían recursos diversos (Grau 1949). Por último, sirvió de asilo a diversos caciques amigos que por alguna razón necesitaron guarecerse allí. Por caso, en 1836 el cacique Guayquil, hermano del fallecido Mariano Rondeao, consiguió el permiso de Rosas para establecerse en los alrededores del fuerte y así permanecer al resguardo del asedio de otros caciques como Cañiuquir de Guaminí (Grau 1949).
En 1847, luego de transcurrir varios años de crisis y vicisitudes políticas, el Fuerte Cruz de Guerra adquirió nominalmente la categoría de fortín1, debido principalmente a la construcción de la comandancia del fortín Mulitas a unos kilómetros de este último. Años después, ya en un estado edilicio paupérrimo, el fuerte sirvió como refugio a guarniciones esporádicas y, en algún momento de inminente ataque Ranquel a aquellas tierras, ofició como piquete (Grau 1949). Esta situación perduró hasta los primeros días de enero de 1860, cuando las taperas y ranchos del Fortín Cruz de Guerra que todavía estaban en funcionamiento fueron quemadas por una partida de indios, hecho que selló la utilización de la fortificación como asentamiento militar de frontera (Grau 1949).
El fuerte nunca mantuvo un número constante de oficiales y tropa. Aunque a lo largo de los años la guarnición allí apostada fue variando, y hasta disminuyendo en cantidad, el carácter estratégico del lugar que ocupaba en la frontera le otorgó siempre un rol destacado. El uso continuo del asentamiento militar, las modificaciones inherentes al paso del tiempo y los diversos sucesos de destrucción, son algunas de las causas por la cuales esperamos hallar modificaciones en las estructuras planteadas por Parchappe en el trazado original. El propio ingeniero galo dejó constancia de este hecho particular cuando dijo: “(…) tal fue el plan de la Cruz de Guerra; pero yo no vi mas que el comienzo de la ejecución e ignoro si se habrá seguido exactamente y llevado al final, pues los acontecimientos desastrosos del fin de este mismo año hicieron abandonar con precipitación este establecimiento” (Parchappe [1828] 1977:73-74).2
Una vez realizada la búsqueda exhaustiva e interpretación de diversas fuentes documentales (planos, agrimensuras de diferentes años ―con sus correspondientes legajos descriptivos―, cartografía histórica, entre otras), se ubicó al Fuerte Cruz de Guerra en el actual Partido de 25 de Mayo (Figura 1).
La información recolectada se ordenó y clasificó según la información que contenían acerca de diversos aspectos del fuerte. Se tuvo especial consideración por aquellos documentos que proporcionan descripciones sobre la ubicación, dimensiones y características del entorno. En este sentido, nos centramos en el plano ―con su correspondiente informe― que el ingeniero Parchappe elevó al Departamento de Guerra en 1828 (Grau 1949). Esta fuente resultó crucial para realizar la reconstrucción del mismo, puntualmente porque posee las dimensiones y localización del fuerte y de las estructuras internas de la obra proyectada. En otras palabras, se priorizaron los mapas, planos, croquis y catastros e informes de construcción que fueron obtenidos en el Archivo General de la Nación, el Archivo General del Ejercito y el Departamento de Historia y Cartografía del Ministerio de Infraestructura de la Provincia de Buenos Aires (Figura 2).

Por otro lado, cabe notar que en las agrimensuras disponibles de las tierras donde se ubica la fortificación, que son posteriores a su abandono, el asentamiento figura como tapera Cruz de Guerra (Figura 2).
En los planos originales de Parchappe se observa que el fuerte se ubicaba al sur de la laguna homónima y al este de un “bajo” (depresión del terreno inundable). Esto nos permitió obtener una ubicación relativa de dicha estructura y, a través de las imágenes satelitales que ofrece el programa de Google Earth Pro (actualmente gratuito), diseñar una prospección arqueológica. En particular, se verificaron distintas imágenes del supuesto lugar de ubicación del fuerte que fueron adquiridas en diferentes momentos. En la imagen captada el 27 de marzo de 2001 se observaron unos rasgos lineales producto de la saturación del agua presente en el suelo. Esta característica de la imagen posibilitó detectar el foso y contrafoso del baluarte sur, así como también el potrero (ambos rasgos están presentes en el plano realizado por Parchappe). Estos atributos geométricos, que facilitan la georreferenciación de las distintas fuentes gráficas, son casi imperceptibles en las otras imágenes satelitales del Google Earth Pro por no presentar el suelo las condiciones de humedad existentes cuando se obtuvo la imagen del 2001 (Figura 3).

Una vez localizado el fuerte, se continúo con la georreferenciación de los distintos mapas, planos y catastros. A ello contribuyó la detección de los rasgos geométricos referidos (Figura 3). Los distintos documentos gráficos fueron georreferenciados en UTM 20S (Datum WGS 84), utilizando un tipo de transformación de primer orden o polinomio de primera (rota y cambia la escala de la imagen) con un método de muestreo del vecino más próximo (Connelly y Lake 2009).
Luego de otorgar las coordenadas planas a las distintas fuentes gráficas, se procedió a digitalizar las mismas. En particular, se digitalizó con precisión el plano de Parchappe, considerando las medidas y la distribución de las estructuras internas del fuerte descriptas en sus notas de 1828. Para facilitar el dibujo, siguiendo algunos de los detalles de esta fuente documental, se procedió a dividir el plano en los siguientes cuatro sectores: norte, sur, este y oeste (Figura 4).
Por último, se georreferenció, digitalizó y reposicionaron ciertas estructuras arquitectónicas (Figura 5) descriptas en el informe y el croquis realizado por el Comandante Antonio Espinosa (obra dirigida a Juan Manuel de Rosas) en 1831 (Grau 1949). Este reposicionamiento de las estructuras internas del fuerte posibilitó comprender algunas modificaciones espaciales acaecidas entre su construcción y 1831. Esto nos llevó a reflexionar en torno a cuáles de las estructuras del plano original de Parchappe terminaron de realizarse y cuáles no.


Una vez confeccionados los dibujos del Fuerte Cruz de Guerra, se procedió a seleccionar aquella zona más propicia para realizar una primera prospección pedestre. Los primeros resultados de esta actividad serán descriptos a continuación.
Partiendo de la información oral disponible sobre la localización del sitio y junto con los datos suministrados por el análisis realizado mediante imágenes satelitales (ver más arriba), se procedió a visitar el lugar con miras a llevar a cabo una primera aproximación arqueológica a los restos del fuerte. El acceso a este último se realiza a través de un camino rural de ripio, desde la ruta provincial No. 226. Se encuentra localizado, como hemos anticipado, a 25 km de la actual ciudad de 25 de Mayo, en cercanías de una laguna y dentro de las tierras del Sr. Martín Garciarena. Las imágenes satelitales indican que la región en cuestión presenta zonas inundables, donde imperan las actividades agropastoriles. La vegetación presenta trazos de bosques unidos a caminos rurales y grandes extensiones abiertas, sembradas con diversos cultivos (por su extensión, resalta la soja).

Precisamente, y según pudo apreciarse previamente a partir de las imágenes ya referidas, la silueta de lo que originalmente fue la fortificación está atravesada por el camino antedicho con una orientación norestesudoeste. De modo que, en la actualidad, el sitio yace dividido en dos grandes sectores de dimensiones aproximadamente similares, cada cual dentro de un terreno para agricultura / pastoreo. Al momento de la visita, en octubre de 2014, el sector norte se encontraba sembrado, mientras que los pastos del sector sur parecían estar destinados a la ganadería (Figura 6 a y b).
Dado el tenor inicial de las labores, la prospección del sitio se concentró en la franja correspondiente al camino y sus adyacencias (Figura 7). Teniendo en cuenta el área que comprende el fuerte (165.000 m2), el sector objeto de esta primera aproximación al terreno cubrió un 3,75% (6.200 m2) de la extensión total. El trabajo fue de carácter visual, orientado a reconocer la existencia de restos materiales que estuvieran depositados sobre la superficie. En una segunda instancia se prevé el uso de instrumental específico para este tipo de actividades, como detectores de metales y georadar, que permita determinar la existencia de artefactos y vestigios estructurales localizados debajo de la superficie.

En cuanto a las características del sustrato, cabe notar que el camino está constituido por una base de sedimento compacto, de tipo arenoso, sobre la que descansa una capa de arena suelta de espesor variable. Esta última merece especial atención, dado que su depositación / erosión está habitualmente sujeta a los vientos imperantes en la zona. Esta condición climática también parece haber afectado la zona durante el funcionamiento del fuerte, ya que en este eran constantes las tareas de mantenimiento de los fosos perimetrales debido a la arena que se acumulaba en ellos, y aún más en épocas de sequía (Grau 1949). Al momento de abordar el sitio, amplios sectores del camino estaban cubiertos por este manto de sedimento, lo que impidió en un principio reconocer la existencia de materiales expuestos, salvo en lugares puntuales como la entrada al campo de Garciarena, adonde pudieron apreciarse diversos restos (e.g. hierro, vidrio y ladrillo) incrustados en el suelo. Merece resaltar que el camino, a la altura de la entrada al predio, coincidiría de modo aproximado con la ubicación del portal de ingreso a la fortificación (ver Figura 7).

Un evento eólico imprevisto, ocurrido durante los días de estancia en el sitio, alteró la visibilidad arqueológica en el camino. La consecuente remoción de la capa de arena permitió hallar diversos artefactos dispersos, que quedaron situados sobre el sustrato duro al que hicimos mención. Asimismo, fue posible registrar varios restos que se encontraban incrustados. Teniendo en consideración la historia del fuerte (ver más arriba), es probable que los vestigios descriptos a continuación constituyan una pequeña muestra del volumen de materiales depositados en el predio, en especial dado el extenso período de ocupación del asentamiento (1828-1859). Por caso, los partes que hacen referencia a los pertrechos militares que fueron conducidos desde Buenos Aires a fin de abastecer la fortificación al momento de su construcción testimonian la ingente cantidad de artefactos vinculados con las actividades cotidianas de la tropa comisionada (ver Grau 1949, para una descripción detallada de los pertrechos).
Los materiales sueltos y presumiblemente vinculados con la ocupación del fuerte en razón de sus características morfológicas, fueron recuperados como muestra y se encuentran actualmente bajo estudio. Esta muestra de referencia está compuesta por los siguientes objetos: botones de metal de uniformes, pipas de caolín, un proyectil de plomo, un posible gatillo de arma de fuego y varios fragmentos de recipientes de gres y vidrio (Figura 8). Destacan por su utilidad como elementos diagnósticos para la adscripción temporal y funcional del sitio los botones y las pipas para tabaco, entre otros artefactos. Los botones, sobre la base de su forma, pueden clasificarse como pertenecientes a los tipos domo y plano, y en ambos casos lucen el escudo nacional sobre la cara anterior. Las pipas se encuentran muy fragmentadas y no presentan marcas superficiales. El perfil del hornillo de una de estas piezas permitió, a partir de la tipología propuesta por Noël Hume (1969), adscribirla a la primera mitad del siglo XIX (Figura 9).

En este trabajo expusimos los resultados de la primera aproximación arqueológica al Fuerte Cruz de Guerra. La identificación del sitio y su ubicación precisa se realizó sobre la base del análisis de tres fuentes de información: 1) los documentos escritos y gráficos contemporáneos a la fortificación, en especial de la descripción y plano del ingeniero encargado del diseño; 2) las imágenes satelitales actuales, adonde se aprecia parte del perímetro de las instalaciones; y 3) la evidencia recolectada durante la prospección de un camino rural y sus adyacencias, que da cuenta de la materialidad típica de un emplazamiento militar de frontera de la primera mitad del siglo XIX.
Como propuesta a futuro, a partir de los datos obtenidos se prevé la realización de prospecciones que permitan cubrir el interior del predio del fuerte y sus alrededores. Los estudios estarán dirigidos a identificar sectores que según las referencias históricas fueron utilizados con fines específicos (ranchos habitacionales, polvorín, guardia, entre otros). De este modo, será posible estudiar la organización interna y los cambios ocurridos a lo largo de varias décadas de ocupación por parte de diferentes actores sociales de la campaña. El empleo de tecnología específica para determinar la presencia de materiales soterradas podrá redundar en un mayor conocimiento del uso del espacio. Este tipo de instrumental, sumado a la inspección visual a lo largo de transectas y la realización de sondeos siguiendo un muestro estratificado, permitirá delimitar las áreas con mayor potencial para emprender excavaciones.

El Fuerte Cruz de Guerra es testigo de la vida y esfuerzos realizados por un grupo de hombres inmersos en un proceso de expansión y consolidación territorial por parte del gobierno de la Provincia de Buenos Aires. El estudio arqueológico de un sitio de estas características permitirá, de modo integral con la información disponible sobre otras instalaciones militares de la región que cumplieron similar propósito y han sido objeto de investigación, comprender en mayor profundidad las características de la ocupación bonaerense en las distintas instancias de corrimiento de la frontera sur a lo largo del siglo XIX. En presente trabajo esbozamos los primeros pasos orientados en este sentido.
1. Los términos Fuertes y Fortín se diferencian a raíz de las características materiales e importancia estratégica que tenían. La dimensiones, cantidad y rol de las estructuras edilicias son evidencia material de esta distinción (Salminci et al. 2016).
2. El hecho desastroso a que se refiere es la caída del gobierno de Dorrego, quien es fusilado por el Gral. Lavalle en Navarro, Provincia de Buenos Aires hacia fines de 1828.
Los resultados de la investigación aquí expuestos son el producto del esfuerzo y la colaboración desinteresada de varias personas. En este sentido queremos mencionar al Sr. Martín Garciarena propietario del campo donde se encontraba el Fuerte de Cruz de Guerra por su generosa hospitalidad y por brindarnos la posibilidad de emprender las investigaciones en el sitio. A Carlos Landa, Jimena Doval, Florencia Caretti y Virginia Pineau miembros del grupo de investigación que lleva adelante este proyecto. A las autoridades municipales del partido 25 de Mayo que nos han otorgado el apoyo necesario para continuar esta investigación. Por último y especialmente a la memoria del Sr. Márquez Llano quien nos brindó toda la información disponible del fuerte, la guía en el campo y lo más valioso, su confianza y amistad.
Conolly, J. y M. Lake 2009. Sistemas de Información geográfica aplicados a la arqueología. Ediciones Bellaterra. Barcelona, España.
Gibert, H. 1961. Historia económica de la ganadería argentina. Edición Solar/Hachette. Buenos Aires.
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Noël Hume, I. 1969. A guide to Artifacts of Colonial America. University of Pennsylvania Press. Philadelphia. EE.UU.
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