Revista de Arqueología Histórica Argentina y Latinoamericana
Vol. 12, Núm. 3, Dossier: Arqueología Histórica Argentina: situaciones y perspectivas (Editores invitados: H. Chiavazza y V. Zorrilla) 2018. ISSN 2344-9918
Asociación de Arqueólogos Profesionales de la República Argentina
Artículos

FORMACIONES URBANAS COLONIALES: HISTORIA OCUPACIONAL DE VALDIVIA A TRAVÉS DE LA CERÁMICA (SIGLOS XV-XIX)

COLONIAL URBAN FORMATIONS: OCCUPATIONAL HISTORY OF VALDIVIA CITY THROUGH CERAMICS (XVTH-XIXTH CENTURIES)

FORMAÇÕES URBANAS COLONIAIS: HISTÓRIA OCUPACIONAL DE VALDIVIA ATRAVÉS DA CERÂMICA (SÉCULOS XV-XIX)

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Simón Urbina A.
Dirección Museológica, Universidad Austral de Chile
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Leonor Adán A.
Dirección Museológica, Universidad Austral de Chile
Cómo citar este artículo:
Urbina A., S., & Adán A., L. (2018). Formaciones urbanas coloniales: historia ocupacional de Valdivia a través de la cerámica (siglos XV-XIX). Revista de Arqueología Histórica Argentina y Latinoamericana, 12(3), 141–173. Buenos Aires
RESUMEN:

Este trabajo busca discutir las estrategias y modalidades de instalación hispana proponiendo un acercamiento histórico-arqueológico basado en el caso de Valdivia (Lat. S. 40°) y su registro cerámico. Con éste propósito se analizan otros casos dentro de Chile, donde se ha establecido documental y materialmente la sobreposición de núcleos urbanos sobre instalaciones o asentamientos indígenas pre existentes, enfatizando los factores cruciales que influenciaron o determinaron el emplazamiento de las colonias/ciudades junto o sobre áreas previamente ocupadas. Se sostiene que reflexionar sobre la óptica con la cual se leen o describen los datos arqueológicos (arquitectónicos y cerámicos) y documentales (textuales o cartográficos), implica evaluar permanente la condición de “traducibilidad” entre los patrones materiales y la evidencia textual, y plantear una lectura integral de las relaciones interculturales que critique el modelo dicotómico clásico basado en enfoques mono disciplinarios.

Palabras clave:
asentamientos, formaciones urbanas, arqueología histórica, ciudad de Valdivia
ABSTRACT:

This paper discusses different modalities of settlement foundation using an historical and archaeological approach to the case of Valdivia city (Lat. S. 40 °) and its ceramic record. For this purpose, we present other cases of colonial Chile, where it has established the overlapping of hispanic urban centres to indigenous installations or settlements. We discuss the crucial factors that influence or determine the location of colonies/cities over previously occupied areas. The paper points out that read or describe the archaeological and historical data involves permanent evaluation of “translatability” between material patterns and textual evidence, that allows a comprehensive reading of intercultural relations that critique the classic dichotomic model based on a monodisciplinary approach.

Keywords:
settlements, urban formations, historical archaeology, city of Valdivia
RESUMO:

Este artigo busca discutir estratégias e modalidades de instalação inicial hispânica propondo uma abordagem histórica e arqueológica que se baseia o caso da cidade de Valdivia (Lat. S. 40 °) e registro de cerâmica. Para este efeito, os outros casos no Chile, onde se estabeleceu material documental e sobreposição de centros urbanos no local ou assentamentos indígenas pré análises existentes, enfatizando os fatores cruciais que influenciaram ou determinados a localização de colônias / cidades ao longo ou áreas anteriormente ocupadas. Argumentam que refletir sobre a ótica que são lidos ou descrever os dados arqueológicos (arquitetura e cerâmica) e documentários (textuais ou mapeamento), envolve a avaliação do estado permanente “traduzibilidade” entre os padrões de materiais e evidência textual, ea possibilidade a propor uma leitura abrangente das relações interculturais criticando o modelo dicotômico clássico baseado em abordagens mono disciplinares.

Palavras-chave:
assentamentos, formações urbanas, arqueologia histórica, cidade de Valdivia
Recibido:
12 de mayo de 2016
Aceptado:
11 de septiembre de 2016

INTRODUCCIÓN

El presente trabajo discute algunas barreras metodológicas surgidas a partir del estudio histórico y arqueológico de ciudades en Argentina y principalmente en Chile, donde analíticamente se ha escindido el análisis de las formaciones aldeanas y urbanas indígenas de aquellos asentamientos hispanos posteriores, como entidades separadas o desvinculadas en términos de los procesos y trasformaciones históricas.

Desde el punto de vista de los procesos históricos, esta posición es susceptible de una evaluación especialmente si se analizan los diversos casos investigados en las últimas décadas y, concretamente los resultados de análisis de materiales o fuentes documentales utilizados para interpretar la continuidad de las ocupaciones indígenas en los siglos coloniales. Considerando lo anterior, este trabajo evalúa 1) si efectivamente la arqueología constituye una fuente de información no escrita para caracterizar e interpretar los períodos históricos, así como 2) el carácter retrospectivo que ofrece la lectura de las fuentes históricas para describir, comprender y completar el panorama prehispánico de los asentamientos y sociedades estudiadas.

RELACIONES INTER CULTURALES Y CONFORMACIÓN SOCIAL

Los avances en la historia indígena regional, sustentados en el enfoque de las relaciones interculturales e interétnicas (Foerster y Vergara 1996), han discutido la perspectiva hispanista que ha dominado la comprensión de las primeras ciudades hispanoamericanas como entidades homogéneas y regulares. Fowler y Zavaleta (2016) han planteado abordar la agencia social dentro de los núcleos urbanos iniciales (Figura 1), para entender la conformación de los vectores de desigualdad social, procesos de hibridación cultural o formación de la identidad en las primeras ciudades hispanoamericanas, sin aislar a priori los componentes étnicos, de estatus y económicos.

En tanto, desde la perspectiva de las relaciones fronterizas al sur del río Bío-Bío (Villalobos 1997; Urbina 2009), a pesar del escenario de conflicto bélico en el que las ciudades fueron establecidas, los escenarios interculturales en que se generaron las fundaciones y la ocupación efectiva de los territorios que circundaban estos asentamientos, fueron de variado orden, debido a su localización -vinculado a zonas densamente habitadas- como a las consecuencias y reconfiguraciones geopolíticas provocadas por el intenso proceso fundador (Figura 2).

Figura 1. Virreinato del Perú. Ubicación de Valdivia respecto de la capital del Virreinato del Perú, Lima (distancia: 3.100 km lineales). Basada en Jamieson (2001).
Figura 1. Virreinato del Perú. Ubicación de Valdivia respecto de la capital del Virreinato del Perú, Lima (distancia: 3.100 km lineales). Basada en Jamieson (2001)

La selección de los emplazamientos de las ciudades hispanas habría combinado criterios de accesibilidad (terrestre o marítima), disponibilidad de mano de obra indígena, y cercanía a centros de explotación minera de manera diferenciada. De este modo, los núcleos urbanos se apropiarían tempranamente del conocimiento nativo de la territorialidad y movilidad regional, identificando nodos de relevancia desde tiempos prehispánicos.

El proceso en el cual fueron fundadas diversas ciudades dentro de un territorio heterogéneo desde el punto de vista étnico y cultural (Vivar (1979 [1558]); Urbina 2009), como el “ciclo de vida” propio de cada ciudad, dependieron de la continua “capacidad de negociación”, resolución de conflictos y atenuación de presiones internas y externas establecidas entre los asentamientos, poblaciones y autoridades mapuche-huilliche, las huestes fundadoras y posteriormente los vecinos y autoridades establecidas dentro de la traza urbana (p.e. cabildo, órdenes religiosas y encomenderos), en su perímetro y jurisdicciones.

Figura 2. Itinerario y elenco de núcleos fundados en la Gobernación o Reino de Chile entre 1550 y 1595. Observación: el listado comprende 12 ciudades y 2 fuertes: Purén y Cañete.
Figura 2. Itinerario y elenco de núcleos fundados en la Gobernación o Reino de Chile entre 1550 y 1595. Observación: el listado comprende 12 ciudades y 2 fuertes: Purén y Cañete

En este sentido, cabría esperar la conformación de contextos arqueológicos “híbridos”, combinados o mixtos (Fowler y Zavaleta 2016) o, complementariamente, escenarios diacrónicos de articulación, asimilación y conflicto sociocultural de diversa índole factual, representativos de dichas realidades locales de instalación y enmarcadas en procesos regionales de colonización. Dichos procesos serían potencialmente apreciables no sólo por la lejanía de las metrópolis virreinales (Lima) o por la gran escala demográfica mapuche-huilliche, sino por las características organizacionales de sus poblaciones y los grados de interacción generados en cada ciudad y “entre ciudades” durante el ciclo urbano que media entre la fundación, destrucción y abandono de las ciudades tempranas al sur del Bío-Bío.

La conformación “hibrida” de ciertos asentamientos, por ejemplo, las áreas de junta o congregación social (Adán 2014), o como lo ha planteado Zavala (2008) en el caso de las áreas de “parlamentos”, y en nuestra opinión también las ciudades tempranas (Adán y Urbina 2015) remiten a la hipótesis según la cual los espacios de interacción hispanoindígena y la segregación de espacios ocurren de modo diferencial en barrios, solares, plazas y conventos y no necesariamente dependen de la distancia respecto al centro o plaza mayor en cada ciudad. En este escenario, los programas o políticas de exclusión/inclusión de personas, objetos y elementos emblemáticos constituyeron escenarios culturalmente complejos, integrados y asimétricos que tuvieron una resolución local. De este modo, los parámetros estadísticos o nominales de presencia/ ausencia de evidencias materiales o documentales no bastan para explicar o definir la complejidad de las interacciones en cada núcleo urbano, su periferia y entre distintas urbes tempranas.

En suma, este enfoque supone problematizar la conocida presencia indígena en el área, dentro y alrededor de las ciudades o la sobre posición de ciudades hispanas en asentamientos indígenas pre existentes -elementos ya suficientemente destacados y tratados por la historiografía criolla-, identificando empírica y materialmente los resultados de esta interacción de personas, cultura material y conocimientos abordando el artefacto “ciudad” como uno construido tanto por la agencia hispana como la indígena.

El incremento de la investigación arqueológica ciudades latinoamericanas de origen colonial se percibe como un aporte significativo para las ciencias que estudian los fenómenos urbanos en sus variadas dimensiones (el urbanismo, la historia urbana, la geografía humana, etc.). La Arqueología Histórica de ciudades constituye un escenario de convergencia entre las ciencias sociales y naturales para el estudio de temas simultáneos: las sociedades indígenas, afroamericanas, los sistemas económicos e institucionales de España y Portugal, la influencia de los valores europeos; de tal manera que “… el objeto sustantivo de investigación es la sociedad como totalidad histórica concreta” (Baeza y Chiavazza 2010: 943).

Justamente, un lugar destacado en el debate académico actual se relaciona con la profundidad que alcanzan los estudios interdisciplinarios frente a procesos urbanos coloniales en Latinoamérica. El análisis se orienta, en esta línea, a clarificar las interacciones entre poblaciones durante el período de invasión europea, colonización efectiva y/o fracasos colonizadores (siglos XV-XIX), de poca resolución en la documentación histórica, así como profundizar los marcos explicativos y la definición empírica de contextos de articulación sociocultural e interacción interétnicas (Urbina y Adán 2013).

Visto en perspectiva, los esfuerzos arqueológicos en este campo han estado centrados en una “arqueología de sitios urbanos” más que “de ciudades coloniales”, razón por la cual en la segunda mitad del siglo XX se generaron conjuntos dispares de información a nivel intra sitio y una mirada mecanicista sobre la sociedad colonial a partir de conjuntos de desechos culturales, especialmente cerámicos, y su distribución en el espacio urbano puntual, donde se plantean distinciones étnicas y/o de estatus, asumiendo metodológicamente que “cada unidad doméstica descarta sus desechos en su propio patio” (Fairbanks 1975; Deagan 1983).

El desafío teórico-metodológico que imponen el registro arqueológico de estas ciudades desde una perspectiva inter disciplinaria, contextual y comparativa reside en su compleja constitución urbanística -constituyen asentamientos o sitios pluri-estratigráficos-, donde se registran asociados y sobrepuestos múltiples indicadores arqueológicos, arquitectónicos y documentales, cuyas lecturas deben efectuarse de manera independiente, construyendo líneas de evidencia, para avanzar luego en lecturas complementarias e integrales (Hodder 1986; Rappaport 1990; Jamieson 2004; Orser 2009).

En esta dirección es imperioso establecer una integración crítica entre el análisis de la composición urbana en base a información documental (escrita y cartográfica), posicionamiento de excavaciones arqueológicas practicadas dentro de las áreas fundacionales (plazas, conventos, solares o viviendas) y el estudio de colecciones arqueológicas, pues han demostrado ser una estrategia exitosa para establecer líneas “o cables” de evidencias independientes y complementarias sobre relaciones interculturales y relativas al significado y uso de la cultura material en ciudades hispano coloniales del Virreinato del Perú (Jamieson 2004).

Se estima prioritario desarrollar una lectura contextual de los registros urbanos y documentar su respectivo ciclo de vida de la ciudad en términos de su conformación social, comprender si fueron éstos procesos compartidos entre sus vecinos durante los siglos XVI y XVII, si dependieron más que del desarrollo económico regional, de la importancia de otros núcleos administrativos, mineros, religiosos y portuarios, acentuando cierta autarquía o individualismo de cada ciudad tal como lo planteara Meza Villalobos (1971).

Dentro del Reino o Gobernación de Chile, los estudios de ciudades indican que, tratándose de asentamientos menores o de baja escala, sus trayectoria o evolución sería muy distinta al de la capital del virreinato o de las sedes de Reales Audiencias (Guarda 1978; Benavides 1988). Considerando la historia de la expansión hispana en América -las múltiples fronteras de las Indias españolas y los procedimientos de integración territorial generados por los enclaves coloniales-, Solano (1996) señala que entre 1573 y 1700 se radicaliza y acentúa el proceso de instalación en territorios indígenas especialmente hostiles a la urbanización, por ejemplo, Chile; mientras que en la fase previa entre 1535-1560, de expansión en los Andes, se habrían fundado numerosos núcleos urbanos “… como exigencias de los compromisos contractuales de los jefes de hueste” (Solano 1996: XXVI).

En el estudio comparado de las ciudades coloniales del Reino de Chile, destacan elementos conspicuos del proceso urbanizador en zonas meridionales, donde se distingue como factor clave el estado de tensión bélica, la guerra de Arauco, en la cual se fundaron. Estas condiciones geopolíticas habrían generado en la mitad de los casos, estructuras urbanas defensivas o influenciadas por la arquitectura militar (Guarda 1978), elemento que puede ser identificado en el emplazamiento en pendiente de Valdivia y Villarrica o en tres niveles de terrazas como queda evidenciado en el emplazamiento de La Imperial. Por último, cabe preguntarse si algunos núcleos poblacionales fueron fundados como ciudades, no obstante, devinieron en urbes “de título” luego de “inicios aldeanos” bastante precarios y miserables (Chiavazza 2016; Barros Arana 2000 [1884]).

HISTORIA URBANA: INDICADORES ARQUEOLÓGICOS Y ARQUITECTÓNICOS

Hacia fines del siglo XX, Sanhueza y colaboradores indicaban que “… los aportes de la arqueología histórica en la comprensión del período histórico han sido escasos, siendo la historiografía (chilena) la disciplina que ha tenido un rol preponderante en este aspecto” (Sanhueza et al. 2004a: 107), no obstante, los primeros estudios arqueológicos enfocados en los períodos tempranos de la colonización hispana se cuentan a partir de la década de 1970 (Ortiz Troncoso 1970, 1971; Pinto 1976; Massone 1978).

Junto con las investigaciones académicas, las dinámicas de crecimiento urbano las últimas décadas impulsaron numerosas intervenciones estratigráficas en ciudades de origen colonial, obligando en ciertos casos a extensos y masivos rescates de áreas de ocupación de los siglos XV, XVI y XVII. Debido a lo anterior y al aumento significativo de las colecciones museológicas, los estudios obligados por hallazgos imprevistos, aquellos regidos por normativa legal sobre restauraciones de inmuebles o por la construcción de obras nuevas en zonas patrimoniales, se percibe un activo escenario en el cual la investigación arqueológica actual comienza a abordar problemas y períodos usualmente trabajados por la Historia Urbana (Guarda 1978; Benavides 1988).

Considerando lo anterior, la arqueología histórica en Chile puede ser definida como “… el estudio de la cultura material de tiempos post europeos, constituyéndose en una disciplina que propone la reconstrucción de los modos de vida de las sociedades humanas a través del tiempo y el espacio, complementando y unificando criterios arqueológicos e históricos” (Sanhueza 1991: 89). La realidad indica, sin embargo, que la arqueología de los núcleos urbanos españoles en Centro-Sur de la Gobernación o Reino de Chile posee serios desbalances, pues se ha focalizado por décadas en tres establecimientos urbanos principales (Figura 3): Mendoza, Santiago y Villarrica, mientras en otros como Valdivia, los primeros estudios se inician sólo en el año 2007, e inclusive, en otros, como La Imperial (actual Carahue), se inician hace menos de cinco años (Inostroza et al. 2016).

La arqueología de sitios históricos o coloniales, debido a la cantidad de yacimientos y diversidad de desechos recuperados, se ha concentrado en el análisis estratigráfico y tipológico de ciertos indicadores y sus variaciones porcentuales, especialmente las cerámicas (vajilla y menaje) de Tradición Indígena y Europea (Figura 4 y 5). Las frecuencias cerámicas, por tipo, se consideran un indicador material paramétrico sensible para dirimir situaciones funcionales, cronológicas, de interacción sociocultural y de acceso diferencial a bienes o estatus económico (Reyes 2004; Prado 2010). El avance de los estudios cerámicos propone una metodología de análisis que ha posibilitado sustantivas caracterizaciones y comparaciones entre ciudades y entre diferentes sitios dentro de ellas (Prieto et al 2010; Adán et al. 2016).

Figura 3. Ciudades fundadas en la Gobernación de Chile, siglo XVI (ca. 1541-1595).
Figura 3. Ciudades fundadas en la Gobernación de Chile, siglo XVI (ca. 1541-1595)

En Villarrica se ha testeado el carácter “intercultural” de los asentamientos defensivos y estratégicos a partir de la fragmentería cerámica en la propia ciudad y asentamientos circundantes, problematizando la lectura estadística de los componentes hispanos e indígenas respecto del “… carácter que adquirieron en esta región las relaciones interétnicas hispano-mapuche durante el siglo XVI” (Reyes 2004: 161).

Un segundo conjunto de indicadores utilizados por la arqueología de ciudades tempranas se orienta al estudio de las ocupaciones preexistentes, basada en evidencias estratigráficas y/o documentales de sobre posición o remoción de pisos de viviendas o contextos funerarios indígenas, subyacentes a muros o pisos hispanos, mezcla de componentes indígenas de data prehispánica y de tradición europea del siglo XVI (Gómez et al. 2012). El trabajo de Stehberg y Sotomayor para Santiago (ca. 1544), concluye que “… entre el cerro Huelén por el oriente, los dos cauces del río Mapocho por el norte y sur, respectivamente y en algún punto intermedio entre las actuales calles Bandera y Brasil, por el poniente, se emplazó un importante centro urbano Tawantinsuyu. El conjunto arquitectónico se organizaba en torno a una gran plaza que, según la información arqueológica y etnohistórica disponible, se emplazó exactamente en el lugar donde Pedro de Valdivia fundó la suya” (Stehberg y Sotomayor 2012: 133).

Figura 4. Cerámica de Tradición Indígena de la zona de jurisdicción de Valdivia. 4a) Jarro Estilo Valdivia, sitio Las Mulatas. 4b) Olla con estriamiento anular cuello-cuerpo, sitio Las Mulatas. 4c) Copa con decoración Estilo Valdivia, sitio Millahuillín 2 (comuna de Máfil). 4d) Fragmentos decorados rojo sobre blanco (Estilo Valdivia) distribuidos en el área fundacional de Valdivia. 4e-f) Platos pintados Blanco y rojo, sitio Las Mulatas. 4g-i) Fragmentos con incrustación de mayólicas y piedras, sitio Plaza de la República.
Figura 4. Cerámica de Tradición Indígena de la zona de jurisdicción de Valdivia. 4a) Jarro Estilo Valdivia, sitio Las Mulatas. 4b) Olla con estriamiento anular cuello-cuerpo, sitio Las Mulatas. 4c) Copa con decoración Estilo Valdivia, sitio Millahuillín 2 (comuna de Máfil). 4d) Fragmentos decorados rojo sobre blanco (Estilo Valdivia) distribuidos en el área fundacional de Valdivia. 4e-f) Platos pintados Blanco y rojo, sitio Las Mulatas. 4g-i) Fragmentos con incrustación de mayólicas y piedras, sitio Plaza de la República
Figura 5. Cerámica de Tradición Europea de la Jurisdicción de Valdivia. 5a) Tipo Panamá Liso. 5b) Tipo Panamá Policromo A. 5c) Tipo Panamá Azul sobre blanco. 5d) Tipo Panamá Policromo A o Limas más Allá. 5e) Base de plato tipo Panamá Policromo A, sitio Castillo de Cruces (comuna de Mariquina). 5f) Plato tipo Panamá Polícromo, sitio Castillo de Cruces (comuna de Mariquina). 5g-h) Bordes de botijas, sitio Plaza de la República. 5i) Cerámica fina incisa (búcaro), sitio Plaza de la República.
Figura 5. Cerámica de Tradición Europea de la Jurisdicción de Valdivia. 5a) Tipo Panamá Liso. 5b) Tipo Panamá Policromo A. 5c) Tipo Panamá Azul sobre blanco. 5d) Tipo Panamá Policromo A o Limas más Allá. 5e) Base de plato tipo Panamá Policromo A, sitio Castillo de Cruces (comuna de Mariquina). 5f) Plato tipo Panamá Polícromo, sitio Castillo de Cruces (comuna de Mariquina). 5g-h) Bordes de botijas, sitio Plaza de la República. 5i) Cerámica fina incisa (búcaro), sitio Plaza de la República

En el caso de Valdivia, según el testimonio de algunos cronistas, la ciudad fue fundada sobre un extenso caserío de rukas y un campo ceremonial (cancha de palín) (Mariño 1865 [1580])1, de tal forma que el lugar seleccionado para establecer la ciudad hispana, junto a un río navegable y una densa población indígena “canoera”, se estableció entre y sobre muy buenas casas (Vivar 1979 [1558]) (Figura 6).

Figura 6. Reconstrucción relieve y sectores de humedales en Área Fundacional de Valdivia en el siglo XVI en base a plano holandés (ca. 1643). PM: Plaza Mayor. A) Polígono rojo: campo de Palín; B) “caserío” mapuche-huilliche prehispánico (luego barrio de La Carmenca) mencionados por Mariño (1865[1580]) y Vivar (1979[1558]); C: vertiente o menoko de agua; D: plaza de la República actual. Fuente: Urbina et al. 2015.
Figura 6. Reconstrucción relieve y sectores de humedales en Área Fundacional de Valdivia en el siglo XVI en base a plano holandés (ca. 1643). PM: Plaza Mayor. A) Polígono rojo: campo de Palín; B) “caserío” mapuche-huilliche prehispánico (luego barrio de La Carmenca) mencionados por Mariño (1865[1580]) y Vivar (1979[1558]); C: vertiente o menoko de agua; D: plaza de la República actual. Fuente: Urbina et al. 2015

Según la investigación de Adán (2014: 60-61), la documentación hispana colonial refiere con cierto nivel de detalle a la organización social de las agrupaciones indígenas de Valdivia en 1565. A modo de ejemplo, en la zona de Valdivia, se documenta la existencia de distintos niveles de integración que existían, donde “… cavíes grandes que tienen debajo de sí otros pequeños” o, como se indica para el repartimiento de Palpalén, un “… caví grande, e tienen debajo de sí otras muchas parcialidades o cavís pequeños, que en lengua de los naturales se llaman pichicavies o machullas é desta manera hay en el distrito desta cibdad otros muchos cavies grandes que tienen debajo de sí, é subjeto a sí, otros cavies pequeños, que se llaman machuelas e pichicavies” (Colección de Documentos Inéditos para la Historia de Chile (CDI), 1a Serie, T. XVIII).

En el pleito de Alonso Benítez, vecino de Valdivia, contra Baltasar de León en 1565, el testigo Hernando Alvarado, responde: que, entre la regua, lebo y cavi “… donde hay una manera de reconocimiento de más congregación, es en el lebo ó en la regua, é que, en los demás cavíes, a lo que este testigo tiene entendido, cada uno tiene sus bebederos é juegos de chueca é sitio donde hacen sus bailes y danzas” (CDI, 1a Serie, T. XVIII).

Un tercer indicador, relativo al eje de la urbanística, se ha centrado en la definición arquitectónica de los asentamientos hispanos regionales, fundados política y administrativamente como “ciudades”, aunque en ciertos casos dicho título fuera recibido años después de su construcción (Solano 1996, Hardoy y Gutman 2007). El análisis de los “planos de obra” y cartografías de tales emplazamientos, su transcripción lineal y zonificación sobre las plantas actuales, sumada a la información provista por testigos presenciales, ha permitido correlacionar la fisonomía arquitectónica real tomando como base, la presencia arqueológica de materiales como teja y clavos de hierro para las techumbres, así como cal, ladrillos, lajas y bloques rocosos para los muros y pisos (Durston 1994).

En este ámbito, se ha planteado una primera zonificación arqueológica del Área Fundacional de Valdivia siguiendo la distribución de esta clase de materiales, coherente con una periodificación4 que estima fases ocupacionales de carácter nativo mapuche-huilliche y fases urbanas discontinuas e integradas en ciertos momentos (Urbina et al. 2016) (Figura 7).

Del mismo modo, la sistematización tipológica de las cerámicas de manufactura indígena y europea, utilizando las protocolos y metodologías de Mendoza y Santiago (Prado 2009; Prieto et al. 2010), han habilitado comparaciones intra urbanas, de la ciudad y su jurisdicción (p.e. fortificaciones, misiones y asentamientos indígenas periféricos), así como de Valdivia con otras ciudades tempranas del reino de Chile y el Virreinato del Perú (Adán et al. 2016).

Figura 7. Cartografía arqueológica del Área Fundacional de Valdivia 2015.
Figura 7. Cartografía arqueológica del Área Fundacional de Valdivia 2015

TRAYECTORIAS DIVERGENTES: ASENTAMIENTOS TRANSITORIOS, ALDEAS O CIUDADES FORMALES

A nivel macro regional, la arqueología de la ciudad de Mendoza es destacada como uno de los primeros ejemplos de arqueología urbana del período colonial y republicano (Chiavazza 2010). Se estima que “… su comparación futura con ciudades chilenas es un desafío abierto, que además de aumentar conocimientos barre fronteras” (Schávelzon 2010: 946). La ciudad Mendoza involucra una historia ocupacional del área de al menos 2000 años (Chiavazza et al. 2009), por lo cual la ciudad se conforma, cómo muchas otras urbes tempranas, sobre una configuración territorial y social indígena (p.e. Viluco, Huarpe e Inca). Por cuanto la arqueología urbana de Mendoza (fundada en ca. 1561-1562) se relaciona con el avance conquistador-colonizador “Al analizar la documentación se observa que el desarrollo urbano dependió necesariamente de interacciones entre poblaciones de ambos lados de la cordillera, las que tuvieron distintas características y escalas […] Si bien estos tópicos comenzaron a discutirse desde la etnohistoria, es mucho lo que falta por descubrirse desde los estudios arqueológicos” (Chiavazza 2010: 1056).

Las conexiones entre Mendoza y Santiago han sido destacadas reiteradamente. Al igual que la primera, desde las publicaciones de Latcham (1928), Mostny (1947, 1963) y Botto (1989), la ciudad de Santiago ha destacado por la diversidad temática de los trabajos, la formación de especialistas y por la complejidad del trabajo arqueológico dentro de la ciudad, donde se requieren técnicas y metodologías distintas a la arqueología prehispánicas, pues se desarrollan sobre y dentro de arquitecturas interconectadas propias de la urbe (Schávelzon 1992). Las investigaciones en la ciudad de Santiago (fundada en ca. 1541) han requerido de estrategias de investigación que combinan el análisis arqueológico e histórico de los contextos arquitectónicos y materialidades analizadas (Prado et al. 2000 [1997]; Sanhueza et al. 2004b). Por ejemplo, en el trabajo de Sanhueza y colaboradores, se analizaron las historias generales para la capital del reino, historias de la propiedad y de la ciudad, relatos costumbristas y de viajeros, actas del Cabildo, mapas, cartografías, registros fotográficos e iconográficos.

Los trabajos sobre la vajilla culinaria colonial de tradición europea, por su parte, han demostrado la validez comparativa entre la información documental y artefactual (Prado 2010). La definición de una amplia y heterogénea tipología cerámica ha permitido una mayor resolución temporal y especial que indica -según la composición y riqueza de los conjuntos-, diferencias sociales y de estatus significativas entre sectores céntricos y periféricos de la urbe colonial (Prieto et al. 2010; Prado 2010). Integrando criterios clasificatorios utilizados en todo el continente (Rice 1997; Rovira 2001; Schávelzon 2001; Therrien et al. 2002; Jamieson 2001; Chiavazza et al. 2003; Puebla et al. 2005), los estudios cerámicos en Santiago han accedido a comparaciones y relaciones válidas con otras urbes americanas debido a la presencia de tipos de mayólicas americanas Panamá Liso, Panamá Azul sobre Blanco, Panamá Policromo y Más allá Policromo; y aquellas de origen extra-americano como Vidriados Verdes y mayólicas europeas Ichtuknee Azul sobre Blanco, Caparra Azul, Talavera Azul sobre Blanco, Triana Blanco, Triana Ramazón y Bizcocho (Prieto et al. 2010).

Mientras la ciudad de Santiago fue un punto periférico dentro del Imperio Español, su importancia jerárquica dentro del reino de Chile y la ruta comercial Atlántico-Pacífico (Prieto et al. 2010) fue de primer orden. Dicha situación quedaría evidenciada por la diversidad y representación de los bienes cerámicos de tradición europea y otros bienes muebles presentes en los contextos arqueológicos (Prado 2010).

A diferencia de Santiago, la arqueología histórica de la Villarrica ha integrado los patrones y sistemas de sitios estratégicos (fortines y fuertes) indígenas (mapuches) y españoles distribuidos en la zona lacustre precordillerana de la Araucanía (Mera et al. 1999), sin aislarse en el estudio exclusivo del ámbito urbano o sólo en las ocupaciones hispanas fuera de él. El conocido fuerte hispano ubicado dentro de área fundacional de la Villa Rica (ca. 1552) (Mera et al. 2004) y la casa fuerte de Santa Sylvia, residencia de un prestigioso encomendero (Gordon 1991), constituyen asentamientos dentro de una red de localidades que involucran una decena de sitios estratégicos habitados durante el siglo XV-XVII (Mera et al. 2015). De amplia representación en los contextos urbanos, extra urbanos y estratégicos, se identifica fragmentería asignada a las tradiciones cerámicas relativas al Complejo Pitrén y Vergel (Reyes 2004), además del estilo Valdivia (Mera et al. 2004), lo cual lleva a pensar que además del contingente hispano, los habitantes de la ciudad de Villarrica durante el siglo XVI fueron predominantemente de origen mapuche.

Durante los últimos siete años se han efectuado distintas intervenciones de rescate e investigaciones arqueológicas bianuales dentro perímetro urbano de Valdivia (fundada en ca. 1552) y zonas adyacentes (Adán et al. 2007; Adán et al. 2010; Adán y Urbina 2010; Urbina y Adán 2012; Urbina et al. 2012). Esta experiencia previa ha sido fundamental en el inicio del proyecto Fondecyt n° 1130730, relativo a la temática específica de Valdivia y su jurisdicción colonial (Adán et al. 2012).

Las intervenciones en Valdivia, al igual que en Santiago y Villarrica han utilizado una metodología arqueológica e histórica, basada en el estudio de tipos o categorías asentamientos y cuyo objetivo es generar hipótesis de trabajo en torno a sus relaciones. Un total de 37 sitios cartografiados sobre la planta urbana hasta el año 2014 han puesto en evidencia distintos contextos prehispánicos y coloniales bajo la ciudad, algunos de ellos definidos por conservar restos de arquitectura in situ. Los estudios se basan también, en el registro de colecciones y excavaciones acotadas tanto el área fundacional de la ciudad, el perímetro o anillo urbano exterior. La revisión documental sobre la ciudad del siglo XVI, indica la existencia de indicadores fundamentales para enriquecer la interpretación de la historia urbana de la ciudad (Guarda 1978).

El estudio preliminar de la Colección de Documentos Inéditos para la Historia de Chile (CDI), compendio publicado por Medina entre 1888 y 1902, indica que, de los 259 primeros vecinos de la ciudad de Valdivia, se han contabilizado 130 encomenderos, la mitad; entre los cuales se otorgaron 88 repartos indígenas. Además, estos “vecinos”, 230 según el registro de 1580, debían tener según la legislación vigente “casa puesta en la traza” razón por la cual la envergadura de la ciudad durante el siglo XVI debió ser considerable (Guarda 1994). Este tipo de documentos permite caracterizar las estructuras sociales indígenas, detallan su localización, organización y escala demográfica, sino que también la presencia indígena dentro de la ciudad, la población de servicio, las actuaciones y motivaciones de la población hispana residente.

Junto con ello, a partir del estudio espacial de los planos urbanísticos del siglo XVII y la distribución de sitios arqueológicos, recientemente se ha intentado una primera zonificación arqueológica para abordar el problema de la sobre posición, continuidad e diversidad cultural de la ocupación de Valdivia, la cual considera su destrucción en 1599, recuperada por la población mapuche-huilliche entre 1602-1647, brevemente ocupada por los holandeses en 1643 (Figura 8) y refundada en año 1647 por una expedición enviada desde Lima el año 1645 (Guarda 1990).

Con todo, surge como problema evaluar la pertenencia e identidad “de lugar” que generan ambientes urbanos activos y socialmente fluidos como un mecanismo decidor al interpretar y reconstruir pasados históricos significativos (Chiavazza 2016). Según la perspectiva planteada por Chiavazza, una mirada teórica y comparativa basada en los casos Mendoza y Santa Cruz La Vieja (Bolivia), establece que las ciudades tempranas manifestarían rasgos de interacción cultural - entre la población indígena e hispana - reconocibles arqueológicamente, pero sobre todo la especialización radical en tres clases de espacios habitables: públicos (calles y plazas), semipúblicos (iglesias y conventos, tumbas, altares, etc.) y privados (limitados a grupos de pertenencia, viviendas, habitaciones, etc.).

Figura 8. Plano holandés de la ciudad de Valdivia (ca. 1643), Universidad de Göttingen, Alemania. Gentileza (versión digital): Ricardo Mendoza R. Director Museo Castillo de Niebla, DIBAM.
Figura 8. Plano holandés de la ciudad de Valdivia (ca. 1643), Universidad de Göttingen, Alemania. Gentileza (versión digital): Ricardo Mendoza R. Director Museo Castillo de Niebla, DIBAM

Los grados de integración territorial, el consumo de sus habitantes, la sincronía en la dispersión espacial y en la segregación de los materiales arqueológicos, su variabilidad, tipología y asociaciones, señalan que en el caso de cada asentamiento estos tres tipos de espacios pueden interpretarse como trayectorias y tendencias del paso de aldeas a ciudades formales (Mendoza), o de ciudades iniciales, mediadas por procesos de abandono que las hacen cambiar de función, a asentamientos transitorios, como es el caso de Santa Cruz La Vieja fundado en 1561 y abandonado 40 años después (Chiavazza 2016).

EL SITIO PLAZA DE LA REPÚBLICA (VALDIVIA)

Vamos a referir ahora a estudio de la cerámica arqueológica proveniente de las excavaciones de sondeo practicadas en el sitio Plaza de La República de Valdivia (Galarce et al. 2014; Galarce y Santander 2014), con motivo de la evaluación y factibilidad de un estacionamiento subterráneo en el pleno centro del Área Fundacional de la ciudad (Figura 9).

Nos apoyaremos en la evidencia del sitio Plaza de La República, por último, para discutir la hipótesis según la cual, mediante el estudio tipológico y funcional de los componentes/desechos cerámicos, debieran identificarse contextos culturalmente híbridos (mixtos o combinados) y otros exclusivos/excluyentes, espacialmente sectorizados (barrios, viviendas y templos), resultantes de las interacciones dentro de la ciudad y en su anillo exterior.

Figura 9. Ubicación de la bahía de Corral y la sección inferior del río Valdivia.
Figura 9. Ubicación de la bahía de Corral y la sección inferior del río Valdivia

La Tabla 1 expone el comportamiento estadístico del componente indígena y europeo de 21 sitios intervenidos en el Área Fundacional, barrios adyacentes, perímetro urbano e instalaciones militares ubicadas en la bahía de Corral y río Cruces, sitios ubicados a 24, 14, 5 y 0,5 km de distancia del sitio Plaza de La República de Valdivia, permitiendo observar el comportamiento global de los desechos cerámicos respecto de los lapsos ocupacionales datados por Termoluminiscencia (Tabla 1)3.

Dentro del conjunto, nueve sitios analizados –destacando fortificaciones y puntos dentro del perímetro urbano-, se verifica el predominio del componente cerámico de Tradición Indígena, especialmente en yacimientos que han sido intervenidos por sondeos o excavaciones estratigráficas. De los sitios donde predomina el componente cerámico de Tradición Europea, sobre el 50%, cuatro de ellos han sido sólo recolectados superficialmente.

Tabla 1. Frecuencia absoluta y relativa componentes cerámicos de Tradición Indígena y Tradición Europea en sitios de la Jurisdicción de la ciudad de Valdivia.
Tabla 1. Frecuencia absoluta y relativa componentes cerámicos de Tradición Indígena y Tradición Europea en sitios de la Jurisdicción de la ciudad de Valdivia

Durante el año 2014, se excavaron 49 pozos de sondeo (49 m2) en la Plaza de la República de Valdivia (130 x 70 m), a una distancia promedio de 10 m (Figura 10), permitiendo reconocer diversos sectores del yacimiento multicomponente (Tabla 2)4. Las intervenciones establecieron la presencia de al menos 11 contextos funerarios, 9 de ellos concentrados en la mitad norte (Galarce et al. 2014, Galarce y Santander 2014)5, coincidiendo con el hallazgo de osamentas y entierros de españoles en 1907, que según Guarda (1999, nota 7) parte del cementerio asociado a la Iglesia Mayor del siglo XVI.

Luego, es significativa la relación porcentual entre el componente cerámico europeo mayoritario (60%) frente a la frecuencia relativa de cerámica indígena (40%), situación relevante pues complementa el comportamiento estadístico de otros contextos del área fundacional de Valdivia (Adán et al. 2016). Si se excluye la categoría de grandes contenedores de transporte (botijas) de esta comparación, la cerámica de tradición europea, vajilla doméstica principalmente, alcanza sólo un 23,5% (Tabla 3).

Tabla 2. Sitio Plaza de La República. Frecuencia componentes cerámicos monócromos y decorados de Tradición Indígena y Tradición Europea.
Tabla 2. Sitio Plaza de La República. Frecuencia componentes cerámicos monócromos y decorados de Tradición Indígena y Tradición Europea

Descomponiendo entre las variedades monócromas y decoradas de ambas tradiciones, vemos un comportamiento similar entre los ejemplares monocromos indígenas (35,1%) y europeos (45,9%), mientras en la categoría decorados, los ejemplares de Tradición Europea –tipos Panamá Azul sobre Blanco, Polícromo y Escapalaque/Popayán-, doblan en términos relativos (14%) la frecuencia de cerámica indígena pintada, rojo sobre blanco y con incrustaciones de loza, las cuales totalizan en conjunto un 5% del total.

Tabla 3. Sitio Plaza de La República. Densidad, frecuencia absoluta y relativa tipos cerámicos por pozo excavado.
Tabla 3. Sitio Plaza de La República. Densidad, frecuencia absoluta y relativa tipos cerámicos por pozo excavado
Figura 10. Excavaciones en sitio Plaza de La República de Valdivia.
Figura 10. Excavaciones en sitio Plaza de La República de Valdivia

La cerámica monocroma indígena, cuya adscripción cronológica puede variar entre el siglo XII y XVIII d.C. (Urbina y Adán 2013)-, se haya ampliamente distribuida, excepto en siete unidades de excavación, mientras el resto de los tipos cerámicos identificados se concentran en conjuntos relativamente acotados de pozos, por ejemplo, los contenedores en 25 unidades y la cerámica vidriada verde en 23. Considerando los 494 fragmentos decorados de Tradición Indígena y Europea, el tipo de mayor representación es el tipo Panamá Polícromo (10,9%), seguido del tipo Panamá Azul sobre Blanco (2,7%), característicos del siglo XVII-XVIII, mientras que la cerámica roja, blanca y rojo sobre blanco (Estilo Valdivia) alcanzan una frecuencia acumulada de 4,7%. Los tipos Escapalaque/ Popayán y con incrustaciones son de mínima representación (> 0,5%), aunque su presencia refuerza la idea de un espacio de intensas relaciones interculturales.

Por último, la mayor concentración de los desechos en la mitad oeste (cuadrantes NW y SW) de la plaza, contrasta con la baja densidad de la mayor parte de los pozos con densidades bajo el promedio del sitio (0,048 fragmentos por litro), incluso con la existencia de puntos totalmente “limpios” de basura cerámicos, acusando –a pesar de los distintos procesos inherentes al crecimiento urbano, de movilización y disturbación del subsuelo-, conductas de descarte y mantenimiento de los espacios intra y extra muro diferenciales. Con todo, puede definirse tres tipos de espacios donde han sido usados/descartados los materiales cerámicos, el primero el cuadrante SW donde se estima la ocurrencia de basureros densos, mientras que en los cuadrantes NW, y también ciertas unidades en el SW, documentarían áreas de descarte residencial más acotados, finalmente los cuadrantes NE y SE representarían espacios afectos a limpieza producto de los contextos funerarios allí evidenciados por las excavaciones, el que parece mantuvo esta connotación en los siglos precedentes.

De este modo, y a pesar de la calidad y detalle de la información documental relativa a las encomiendas, organización social local e inclusive sobre los asentamientos existentes sobre los cuales su fundó la ciudad de Valdivia a mediados del siglo XVI, estratigráficamente es difícil segregar un momento prehispánico o exclusivamente mapuchehuilliche respecto del componente cerámico de Tradición Europea, ni tampoco distinguir un momento histórico temprano asociado a cerámica indígena, tejas, botijas y mayólicas del tipo Panamá Liso –identificadas muy fragmentadas a modo de basura primaria o residual-, y que pudieran informar sobre el primer ciclo de vida de la urbe (ca. 1552-1604).

Si bien los restos más profundos de cerámica indígena asociados a fragmentos de teja curva y mayólicas del tipo Panamá Liso –ubicados en los pozos 18, 21, 33, 41, 43 y 44-, pudieran atestiguar hipotéticamente este lapso temprano de la urbe de escasa resolución arqueológica en el área estudiada, esta baja representación debiera interpretarse como propia del espacio público, limpio y mantenido, que constituía la Plaza Mayor y su espacio público libre de desechos domésticos. De este modo, el razonamiento tipológico debe considerar tanto la accesibilidad de esta clase de bienes -en ciudades australes como Valdivia- como el contenido informativo que revisten las ausencias o señales materiales de baja intensidad en los contextos cerámicos y espaciales diferenciados.

De cualquier modo, al contrario de nuestra expectativa, y hasta que no sean datados por C14 los contextos funerarios, todo parece indicar que las relaciones o interacciones sociales ocurridas en el centro del espacio urbano, adquieren mayor intensidad a partir de las transformaciones producto de la destrucción de la ciudad y su refundación –ahora como Plaza murada o castillo-, en 1647, y de su ampliación en 1741 (Urbina y Adán 2014)6. La información que provee el análisis tipológico de la cerámica y su asociación en el sitio Plaza de La República, como en otros puntos del Área Fundacional de Valdivia, plantean que a partir de la segunda mitad del siglo XVII se habría dinamizado la ocupación del asentamiento. El cruce de la información arquitectónica que provee la cartografía y las excavaciones practicadas en su perímetro, permiten caracterizar de modo sustantivo la transición del espacio fortificado y los barrios o arrabales que crecen alrededor de él, donde mientras ciertos espacios se mantienen limpios, otros puntos se convierten en basurales masivos e híbridos desde el punto de vista cerámico, dando cuenta de aspectos de la vida cotidiana fuera del perímetro amurallado de la Plaza, donde parecen menos normadas las distancias físicas y separaciones étnicas de lo que la historiografía comúnmente plantea.

CONCLUSIONES

En este trabajo hemos sostenido que la lectura complementaria e independiente de los registros arqueológicos y documentales (Guarda 1994; Adán y Urbina 2010; Adán et al. 2015; Urbina et al. 2016) pueden contribuir a la discusión sobre la conformación social y relaciones interétnica del núcleo urbano y su hinterland (Fowler y Zavaleta 2016).

En el caso de Valdivia, el acto fundacional constituyó el inicio de procesos violentos y conflictivos, que requirieron de una intensa negociación política, cuyo resultado fue la instalación de la ciudad hispana sobre un asentamiento mapuche-huilliche preexistente –campo de palín y caserío- como del funcionamiento posterior de un complejo sistema de segregación e integración espacial y sociocultural generado por la urbanística de la ciudad y la mantención de ciertos sectores residenciales para la población indígena (p.e. La Carmenca o La Merced y los anillos periféricos). En esta medida, Valdivia se suma al elenco de ciudades coloniales del continente donde ocurre la sobreposición y reutilización diferencial o jerarquizada de los espacios habitados previos a la invasión europea (Hardoy 1964).

Por otra parte, si bien el estatus de los asentamientos hispanos osciló entre núcleos aldeanos emergentes, villas y ciudades “de título” (Solano 1996; Hardoy y Gutman 2007; Chiavazza 2016), tales condiciones jurídicas no fueron etapas de desarrollo continuo en todos los casos. En Valdivia, considerando las tres primeras fases urbanas (Urbina y Adán 2014, ver nota 4), las dataciones absolutas obtenidas y la mayor presencia de menaje esmaltado y vidriado de Tradición Europea, podemos plantear que las relaciones sociales e interculturales más intensas pueden percibirse a través de la cerámica luego de la refundación de Valdivia en 1647 –etapa en que el asentamiento constituye una Plaza y Presidio- y no a lo largo del siglo XVI donde predomina el trazado en damero (Guarda 1994).

Futuras investigaciones debiesen indagar explicaciones alternativas o lecturas sobre el comportamiento estadístico de los tipos cerámicos “tempranos” hispanos, como aquellos de Tradición Indígena que pudieran informar sobre los asentamientos pre existentes en el Área Fundacional, para discutir y complementar el testimonio de las fuentes documentales del siglo XVI que plantean un escenario de implantación de la urbe en medio de una alta densidad poblacional mapuche-huilliche.

NOTAS

1. Un ejemplo arqueológico de lo anterior se ha documentado en el área fundacional de Villarrica, donde se distingue en estratigrafía una fase prehispánica fechada en 1340 DC (Mera et al. 2004: 181), bajo la ocupación del fuerte hispano; situación que se repite en una instalación menor en la ribera norte del Toltén, frente a la ciudad (Mera et al. 2012), de igual modo que en la ocupación prehispánica bajo la residencia del encomendero o casa-fuerte de Santa Sylvia (Sauer 2012).

2. a) el período Alfarero Tardío (ca. 1100-1552 d.C.): conformado por una fase I de ocupación indígena costera y fluvial de Valdivia (1100-1552), un Episodio I de exploración hispano fluvial y terrestre (ca. 1544-1551) y un Episodio II de interacción inicial hispano indígena (1551-1552); b) el período Histórico Temprano (ca. 1552-1604 d.C.): caracterizado por una fase Urbana I con damero clásico de solares cuadrados (1552-1575), una fase Urbana II definida por un damero de solares rectangulares e irregulares (1575-1599) y un Episodio I de alzamiento general y abandono hispano de la ciudad (ca. 1599-1604); c) el período Mapuche-Huilliche (ca. 1604-1647 d.C.): comprendería una fase I de emancipación indígena (1604-1645), un Episodio I de instalación militar holandesa sobre ruinas de Valdivia (1643), un Episodio II de abandono de la ciudad en ruinas (1643-1645) y un Episodio III de paces, parlamentos y reasentamiento hispano (1645-1647); y, d) el período Plaza Real de Valdivia (ca. 1647-1798 d.C.) involucraría la fase Urbana III de refundación de la plaza fuerte, puerto y presidio de Valdivia, también mencionado como castillo de Valdivia (ca. 1647-1737), la fase Urbana IV de remodelación post terremoto e instalación de torreones defensivos (17371780) y la fase Urbana V de construcción de la “Cerca de Duce” y la demolición paulatina de los muros de la Plaza Real (1780-1820) (Urbina et al. 2016).

3. El componente cerámico indígena comprende los tipos cerámicos monocromos y decorados definidos para la región (Adán et al. 2007; Adán et al. 2016), mientras que el componente europeo considera todos los tipos cerámicos euroasiáticos definidos, incluyendo Gres, Vidriados, Loza y Porcelana (Zorrilla et al 2010).

4. EL componente cerámico de Tradición Europea no incluye, al igual que en la Tabla 3, los 210 fragmentos de loza y porcelana recuperados en las excavaciones.

5. La actual plaza ha sido ocupada desde tiempos prehispánicos y prueba de ellos son los entierros y rellenos de hasta dos metros de profundidad con basuras domésticas y materiales constructivos como bloques de piedra laja canteada, tejas curvas o musleras y tejas “planas con gancho”, ladrillos de distinto tipo y baldosas de cerámica y cemento. Otro rasgo arquitectónico in situ identificado es un canal o acueducto de piedra laja (esquisto) identificado al suroeste de la plaza (pozo 34 y 35), sobre la calle Maipú. Dos fechas se han obtenido en este sitio, correspondientes a un fragmento cerámico decorado rojo sobre blanco (estilo Valdivia), con fechas que se extienden entre 1645 y 1705 DC y un fragmento cerámico monócromo, decorado con incrustaciones de piedras y mayólicas, el cual presenta una fecha que oscila entre 1765 y 1825 DC (Urbina et al. 2016).

6. La presencia de mayólicas decoradas (Azul sobre Blanco y Polícromas) –de mayor tamaño y número al modo de basura secundaria- y sus dataciones, atestigua un intenso uso de vajillas relativas al siglo XVII y XVIII, incluso XIX, donde Valdivia se encuentra mejor y periódicamente conectada –debido a distribución del situado para la tropa o ejército regular- con centros urbanos y puertos comerciales del virreinato peruano, como Guayaquil, Lima-Callao, Valparaíso y Concepción (Guarda 1973: 63-77).

AGRADECIMIENTOS

Este trabajo es resultado del proyecto Fondecyt 1130730: “Arqueología histórica de la ciudad de Valdivia y su jurisdicción en el período colonial”. A Margarita Alvarado, Doina Munita, Rodrigo Mera y Marcelo Godoy. A los colegas del Centro de Investigaciones Ruinas de San Francisco en Mendoza, especialmente a Horacio Chiavazza y Cristina Prieto. A los colegas Patricio Galarce y Gabriela Santander cuyos trabajos en el sitio Plaza de La República han contribuido decisivamente a la arqueología urbana de Valdivia. A Constanza Chamorro y Aldo Farías por la elaboración de láminas y figuras. A los colegas de la Dirección Museológica de la Universidad Austral de Chile.

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